Aquel día tenía los senos atascados, no podía compensar bien. Probablemente una sinusitis, tras un constipado de la semana anterior. El agua estaba entre 14 y 15 grados. Me puse el traje de 7 mm, comprado el año anterior, y debajo un chaleco con manga corta, de neopreno que tenía en mi armario desde hacía mas de veintitantos años. Aunque me había metido con siete kilos de plomo, solo me dejé en el cinto seis kilos. Pues el kilo de quita y pon que llevaba lo colgué en la boya, no me hacía falta. A pesar de que en el pecho llevaba unos diecisite centimetros de grosor de neopreno. Encima de la capucha del traje me había puesto otra capucha de neopreno. Y en los pies dobles escarpines. En las manos llevaba dobles guantes de caucho, y encima de ellos otros guantes de neopreno. Verdaderamente estaba garantizado que no pasaría frio. Todo lo contrario, pasé calor aún con la baja temperatura del agua.
La sinusitis me impedía bajar. Para hacerlo tenía que compensar muchas veces forzando los senos.
Por todo ello, después de nadar durante casi una hora llegué al lugar en donde les ví. Eran enormes. Aquellos dentones no los había visto en tantos días como estuve esperando verlos. Y hoy, que estaba con los senos jodidos, allí estaban los jodidos dentones.
Todo no iba a ser mala suerte. Pero casi estaba a punto de irme de allí y volver con las manos vacías, sin pescar, después de haber perdido la oportunidad de clavar un dentón, cuando le tenía en la punta del arpón, pues el gatillo se encasquilló y no salió el arpón.
Lo intenté otros par de veces mas, bajando con muchas dificultades. En una de las bajadas, noté que los pequeños peces que había alrededor desaparecieron. Algo presentí que iba a aparecer. Así fue. Un gran dentón, pasaba de derecha a izquierda. Yo tenía el fusil apuntando a la izquierda. Conservé la sangre fría y apunté a un punto imaginando que el dentón en su trayectoria pasaría por delante del arpón. Y así fue, pasó delante del arpón. Solo tuve que apuntarle y apretar el gatillo cuando tenía su ojo a la altura del arpón. La flecha con doble aletilla se le clavó encima del ojo y le atravesó saliendo por encima del otro ojo. La doble aletilla o muerte se abrió impidiendo que el dentón pudiera desgarrarse. Ya había dejado el carrete del fusil preparado para que pudiera desliarse mientras ascendía a la superficie. El dentón quería penetrar bajo una roca para desgarrarse, pero no se lo permití. Tirando de él desde la superficie conseguí atraerlo junto a mi. Le cogí por debajo de las agallas y con el cuchillo le dí muerte clavándoselo. Tenía la cabeza muy dura. Me costó mucho clavarle el cuchillo.
Al final, cuando salí a la costa, todo fue un espectáculo, pues quienes habían aprovechado el puente de la Constitución para bajar a las localidades junto a las playas, y que en esos momentos me vieron salir del agua, se arremolinaron mirando la gran captura. Incluso algunos y algunas, se hicieron fotos levantando la pieza que había capturado, como si hubiesen sido ellos o ellas quienes la hubieran capturado.