Le tenía fichado desde el último verano. Estaba en el mismo lugar. Había crecido y engordado un poco mas. Pero, teniendo la oportunidad de haberle disparado en varias ocasiones, después de bajar a 15 metros otras tantas veces, le dejé estar. Estaba rodeado de corvinas de mas de 700 gramos. Imaginé que el próximo verano, aquel mero ya pesaría unos tres kilos. Estaría apto para ser cazado. Mientras tanto le respetaría. Y ¿quien sabe si tal vez, después del verano también le respete la vida?. La decisiones sobre la vida de un mero, no se toman desde los despachos, desde casa, sino in situ. Dependiendo de lo que las neuronas te digan en el mismo momento que tienes el mero a tiro, frente a ti.
Pero, sentiría mucho, que a fuerza de respetarle la vida durante mas de un año, para que engorde un kilo por año, algún desaprensivo me lo arrebate, antes de que yo decida dispararle. Mientras el mero engorda, hoy he recogido algo para la cena, cuatro salmonetes, y unas corvinas para regalar. Al final, una pequeña sepia se me puso delante y no le perdoné la vida. Estaría rica en una paella.