MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



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miércoles, 31 de enero de 2018

El pulpo en territorio borriquete





El agua estaba en 14 grados. El pulpo en 14,5 metros de profundidad. El día estaba nublado y las medusas formaban en la punta del acantilado una barrera infranqueable. Llevaba el traje de 7 mm, sin peto, del año anterior, dos chalecos sin mangas de 2 mm, y 7 kilos de lastre entre el cinto y el chaleco. Solo estuve 2,5 horas buceando, porque el sol se estaba ya poniendo. El pulpo, pesó 6,770 kilos, aunque a Borriquete le dije en principio que ¿Cuándo había sacado él 8 kilos de pulpo en un solo pulpo? Por asociación de ideas, seguro que pensó, después de ver la foto que le envié , que su pulpo, allanado por mi en su territorio, pesaba 8 kilos.
Hacía varios años que no sacaba un pulpo de los gordos. Antes de entrar al agua, vi salir con su barca a otro buceador, el Asturiano. Le pregunté si me había dejado un pulpo, uno solo. Me contestó que si. Como si fuese una premonición, le vi cuando bajé a aquella profundidad, antes de comenzar la retirada por la gran cantidad de medusas que había en la punta del acantilado, que me impedían continuar la jornada, además el sol estaba próximo a ocultarse.
Al pulpo le disparé al ojo, con el fusil de 90 cm. Luego bajé con el de 75 y le lancé un segundo arponazo. La tercera vez bajé y tiré de los arpones. El pulpo salió sin oponer la mas mínima resistencia. Debido a su gran tamaño, su gran cerebro recibió el impacto de los dos arpones y quedó muerto en el acto. Menos mal, pensé, pues de haber opuesto resistencia, la profundidad era enemiga en esta época del año, con tanto plomo de lastre y la barrera de medusas acercándose caca vez mas.
Luego vi una sepia enterrada que pasó directamente al aro de otro arponazo y tras soltar una barrera de tinta de 4 metros cúbicos. Una herrera o magre,  hizo de eslabón entre el pulpo y la sepia.
Cuando salí de bucear y después de varios menesteres, pude comer-cenar a las 12 de la noche. El día tenía 10 horas y media de sol, pero yo las había exprimido al máximo, quitándole a la noche, las necesarias para digerir el arroz con caldo de mero, atún y pimiento morrón, que hice en mi olla arrocera.
A mi amigo borriquete, aquel día, en su propio territorio, le había mojado la oreja. Ya estaba bien, después de 12 años, en que día a día él me la había mojado a mi, mientras la mala mar de La maldita Manga, me impedía bucear los 366 días de cada uno de aquellos malditos años, y si podía bucear algún día, allí no había ni un pez, ni un pulpo, ni un vivo, solo barcos y motos asesinas.  Que gusto me dio hacerle una peineta a La Manga. A partir de ahora, a mojar oreja a Borriquete en su territorio.