Desde siempre, el tiempo dedicado a la pesca submarina me ha parecido poco. Mas allá de un cabo, mas allá del minuto presente, siempre tengo la ilusión de encontrar algo imprevisto. Esas experiencias son las que me hacen conservar esta afición.
MI MUNDO SUBMARINO:
Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.
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jueves, 30 de mayo de 2019
sábado, 25 de mayo de 2019
martes, 21 de mayo de 2019
domingo, 5 de mayo de 2019
El día de la sepiolitis y la ovulitis
El agua, cerca de la orilla alcanzaba aquel día, los 19 grados. Después de una semana Santa de Tormentas, lluvias y barros, procedentes de las ramblas, parecía que, por fin, la mar estaba un poco transparente. El viento de levante, impedía irse muy lejos, asimismo la falta de entrenamiento, después de mas de quince días sin entrar al agua, no aconsejaban arriesgarse alejándose de aquel lugar. Por eso, busqué las sepias allí mismo, no en la merluceria del tiñalpa, pero si en la tiñalpería del merluzo.
El traje de 7 mm de hace ya casi tres años, junto a dos chalecos, 7,5 kilos de plomo, repartidos entre el cinto con 6,5 y medio kilo en cada tobillo. Ya, para el próximo día, utilizaré el traje de 5 mm, quitando algunos quilos al lastre.
A poco de entrar al agua, capturé la primera sepia. Luego disparé a una segunda sepia, con la mala fortuna de que se desclavó, al no haber apuntado bien, por el vaivén de la marejada y el poco fondo. Anduve buscando en la dirección, por la que escapó la sepia, pero no se veía ni rastro. Continué buceando paralelo a la playa y pocos metros mas adelante la vi. Era la sepia que había escapado. Conseguí capturarla.
En toda la jornada capturé 7 sepias, de las que regalé 3, al salir. Era un vecino del merluzo megalodón. Pensé que, así serviría para comunicarle al merluzo megalodón, que yo no soy un depredador que busca la pesca recreativa, ilegalmente, como método para obtener dinero, como hace el.
Poco antes de salir, disparé a un pequeño dentón de unos 900 gramos, pero se desclavó. Estaba entretenido cazando y no se percató de mis intenciones. Le clavé por la cabeza cerca del morro, pero su fina carne cedió y fue a ocultarse entre las posidonias. Ya no le vi.
Debido, probablemente a varias causas concomitantes, al día siguiente tenía una ovulitis. Se trata de una inflamación de la campanilla. Tome una infusión de manzanilla con tomillo y miel y algo se desinflamó la ovula. Seguramente mi mala costumbre de enjuagarme la boca con agua del mar, para refrescar la garganta, aquel día lo hice donde el agua no estaba muy limpia, con restos microscópicos de posidonia muerta. O, tal vez, los excrementos de una gaviota que me perseguía con sus vuelos suicidas, como la de aquellos aviadores japoneses de la segunda Guerra Mundial. O, tal vez, que el tubo de respirar estaba sucio y con hongos, después de mas de 15 días sin bucear. O, posiblemente, que el recipiente del agua donde bebí, de no usarlo en tantos días podría haber creado alguna bacteria que me habría afectado a la ovula. Pero, lo mas probable, fuese la falta de costumbre a respirar por el tubo y por la boca, que me había ocasionado tantos días sin bucear y ello me había resecado la ovula.
Sea, lo que fuere, parece que iba a mejor. Pero al levantarme, apenas cabía la campanilla en la garganta y eso me produjo, cierta preocupación, por si tenía que ir a urgencias. Y, a saber lo que podría allí pasarme.
Debido, probablemente a varias causas concomitantes, al día siguiente tenía una ovulitis. Se trata de una inflamación de la campanilla. Tome una infusión de manzanilla con tomillo y miel y algo se desinflamó la ovula. Seguramente mi mala costumbre de enjuagarme la boca con agua del mar, para refrescar la garganta, aquel día lo hice donde el agua no estaba muy limpia, con restos microscópicos de posidonia muerta. O, tal vez, los excrementos de una gaviota que me perseguía con sus vuelos suicidas, como la de aquellos aviadores japoneses de la segunda Guerra Mundial. O, tal vez, que el tubo de respirar estaba sucio y con hongos, después de mas de 15 días sin bucear. O, posiblemente, que el recipiente del agua donde bebí, de no usarlo en tantos días podría haber creado alguna bacteria que me habría afectado a la ovula. Pero, lo mas probable, fuese la falta de costumbre a respirar por el tubo y por la boca, que me había ocasionado tantos días sin bucear y ello me había resecado la ovula.
Sea, lo que fuere, parece que iba a mejor. Pero al levantarme, apenas cabía la campanilla en la garganta y eso me produjo, cierta preocupación, por si tenía que ir a urgencias. Y, a saber lo que podría allí pasarme.
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