Aquel día fui al lugar señalado, donde otros años capturé dentones en vísperas del día de Halowen. Pero no estaban allí. No vi ningún dentón. Después de 6 horas salí del agua aburrido de no disparar ni un tiro.
El agua estaba entre 19 y 20 grados. Llevaba cuatro kilos y medio de plomos, con una chaqueta de 7 mm. comprada el año anterior, junto con un pantalón con peto de 7 mm. también, pero que ya tenía unos cinco años y por ello había perdido algo de grosor. Al principio tuve calor pues la chaqueta conservaba todas sus cualidades aislantes, dado que estaba practicamente nueva. La había usado el invierno anterior hasta la primavera, cuando las aguas comenzaron a calentarse algunos grados. Pero en general al final de la jornada no tenía ya calor.
No quise sacar la barca, porque habían anunciado una borrasca del suroeste al final de la tarde y no tuve ganas de complicarme el día. Además el canal de Marchamalo probablemente no estaría en condiciones de navegar bien. Hacía un año que habían realizado obras junto al canal y este no había sido dragado. En el conducto por donde siempre navegaba pegado a la pared del canal, se veían algunas piedras procedentes de las obras, que podrían poner en peligro la cola del motor de la embarcación. Además en la desembocadura del canal las piedras que la protegían de los embates del viento y el oleaje de levante, habían sido separadas, y las arenas habían inundado casi toda la desembocadura, formando bancos de arena que impedían la navegación. Así que opté por meterme a nada desde la orilla. Para lo que tuve que nadar casi un kilómetro hasta llegar al lugar donde esperaba encontrar dentones. Estuve bajando pocas veces. Pues lo hice a 14 o 15 metros de profundidad y tenía que ventilar al menos tres o cuatro minutos entre bajada y bajada.
El agua estaba entre 19 y 20 grados. Llevaba cuatro kilos y medio de plomos, con una chaqueta de 7 mm. comprada el año anterior, junto con un pantalón con peto de 7 mm. también, pero que ya tenía unos cinco años y por ello había perdido algo de grosor. Al principio tuve calor pues la chaqueta conservaba todas sus cualidades aislantes, dado que estaba practicamente nueva. La había usado el invierno anterior hasta la primavera, cuando las aguas comenzaron a calentarse algunos grados. Pero en general al final de la jornada no tenía ya calor.
No quise sacar la barca, porque habían anunciado una borrasca del suroeste al final de la tarde y no tuve ganas de complicarme el día. Además el canal de Marchamalo probablemente no estaría en condiciones de navegar bien. Hacía un año que habían realizado obras junto al canal y este no había sido dragado. En el conducto por donde siempre navegaba pegado a la pared del canal, se veían algunas piedras procedentes de las obras, que podrían poner en peligro la cola del motor de la embarcación. Además en la desembocadura del canal las piedras que la protegían de los embates del viento y el oleaje de levante, habían sido separadas, y las arenas habían inundado casi toda la desembocadura, formando bancos de arena que impedían la navegación. Así que opté por meterme a nada desde la orilla. Para lo que tuve que nadar casi un kilómetro hasta llegar al lugar donde esperaba encontrar dentones. Estuve bajando pocas veces. Pues lo hice a 14 o 15 metros de profundidad y tenía que ventilar al menos tres o cuatro minutos entre bajada y bajada.
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