Aquel sábado 3 de marzo, la mar se presentaba tranquila. El viento de suroeste la había dejado planchada. También estaba transparente. No obstante, la previsión meteorológica no era muy buena, pues a partir de mediodía la fuerza 4 de Beafour, se convertiría en 5.
Nada más penetrar al agua, me quedé congelado. A pesar de llevar el traje de 7 mm y el chaleco de manga corta. En el cinto 7 kilos de plomo. La corriente del sur me hacía difícil avanzar. Así que opté por ir contra corriente, para, a la vuelta poder retornar sin problemas a toda velocidad ayudado por la corriente a favor.
Bajé unas 100 veces, a escrutar con la linterna submarina led, bajo las cuevas de las rocas, durante las 5 horas que estuve buceando.
No se veía pescado alguno. Los salmonetes estaban esquivos, y les tuve que disparar en la distancia mientras huían a toda velocidad. No me dieron otras oportunidades y la buena puntería hacía estragos por la espalda a los huidizos salmonetes allá en la lejanía donde eran atravesados partiéndoles la espina o la cabeza por el arpón disparado certeramente.
Únicamente en dos ocasiones encontré al fondo de dos cuevas unos sargos de esos llamados gordos, gordos. Les disparé certeramente a la cabeza, y ambos se enrocaron de lo gordos que eran. Pero con paciencia logré sacarlos por el hueco mas ancho de las cuevas en donde habían sido abatidos.
Antes de salir del agua, con la ayuda del cuchillo que llevaba en la espinilla, rasgué los vientres de los sargos para sacarles las vísceras. Mi sorpresa fue enorme, cuando vi aparecer las enormes huevas que llevaban en sus cuerpos. Quité con precaución las tripas por la parte de las agallas, dejando unidas al ano, las enormes huevas y letones que portaban en el vientre aquellos sargos.
Luego, ya en casa, pude tomarme una cerveza, acompañada de las huevas fritas, con aceite de oliva en el microondas, durante menos de un minuto. Ya una vez en el plato les eché un poco de zumo de limón. También llevaban aquellos sargos un hígado enorme, que junto a las huevas, fue el aperitivo de aquel día de pesca submarina. El plato principal de aquel día fueron los 4 salmonetes asados con unos granos de sal en el microondas. Se hicieron en 6,30 minutos. Le eché, una vez en el plato, limón y aceite.
No fue uno de mis días predilectos. La noche anterior no había dormido lo suficiente, tras un día agotador haciendo rápel durante unas seis horas. Además, la semana anterior, la media de sueño no superó las cinco horas diarias. Y la pesca submarina solo se debe practicar, si se encuentra uno descansado, habiendo dormido al menos 8 horas previas a la jornada de pesca.
No fue uno de mis días predilectos. La noche anterior no había dormido lo suficiente, tras un día agotador haciendo rápel durante unas seis horas. Además, la semana anterior, la media de sueño no superó las cinco horas diarias. Y la pesca submarina solo se debe practicar, si se encuentra uno descansado, habiendo dormido al menos 8 horas previas a la jornada de pesca.
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