El agua en 18 grados. No soplaba viento, pero había una mar de fondo de mas de un metro. Menos mal que dejé el kayak en la baca del coche la noche anterior. Debido al cansancio pensé que si lo dejaba y la mar estaba mala, podría meterme por la cala por la cual al final hoy me he metido, precisamente porque la mar estaba imposible de entrar. Un oleaje fuerte de mar de fondo barría la playa. El único sitio era aquella cala resguardada de todos los vientos menos los del norte.
Después de remar un cuarto de hora, llegué al lugar, eché el ancla y me puse a bucear. Pero los dentones no estaban. Tal vez esperarían a que la temperatura del agua fuese mas baja. El día estaba nublado. Los días nublados les gustan a los dentones, pero tal vez hoy no estuviesen porque no hacía viento, aunque si mar de fondo.
Ya me disponía a recogerme, cuando la vi. Vi un buen ejemplar que parecía mero. Pero a diez metros de profundidad, pude constatar que la boca era mas estrecha que la del mero. Entraba y salía como si estuviese aburrida. Pensé que al bajar se escabulliría. Como así ocurrió. Pero la vi deslizarse por una grieta. Solo le veía un poco de cola. Apunté hacía la grieta por donde calculé que tendría que pasar la cabeza y apreté el gatillo. El arpón se clavó en la cabeza del animal, saliéndole por uno de los ojos que le reventó. Quedó muerta en el acto y clavada en la grieta.
Colgué mi captura del aro, y me dirigí al kayak para prepararlo y salir del agua.
La corvina solo pesaba 1,750 kilogramos.
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