Me había tomado como objetivo poner un mástil a mi kayak, para desplegar la vela y ceñir o navegar de bolina contra el viento en angulos de 45 grados. Todo parecía perfecto, excepto que para volver al punto de partida tuve que plegar la vela o foque y utilizar los remos. Tal vez mis conocimientos de la ceñida no eran los adecuados. El viento soplaba del sureste de fuerza tres. Intentaba navegar hacía el sur, pero a pesar de utilizar una orza bastante respetable que fabriqué con madera de cortar carne de los chinos fabricada en contrachapado de bambú, y de utilizar el timón del kayak, sólo conseguía derivar hacía el suroeste. Giraba en sentido contrario y solo conseguía dirigirme hacía el nordeste. Dificilmente podría volver al punto de partida que se hallaba hacía levante. No me atreví a navegar a sotavento para no alejarme demasiado del punto de partida. De hacerlo habría llegado a la Isla del Barón. El primer tropiezo lo encontré en la orza que no conseguía trabar con el clavo de acero inoxidable y las cuñas de madera. Después la orza tocaba fondo, lo que me frenaba la navegación. Una vez solucionados esos problemas, a veces se presentaba otro nuevo, que consistía en que la vela se metía entre el stay y el palo mayor, único mástil del kayak. Lo solucionaba poniendo rumbo a sotavento y la vela salía sóla de su mala situación entre el mástil y el stay. Otro inconveniente es que a fuerza de evitar navegar a sotavento no conseguía una velocidad respetable. No pasé de los tres kilómetros a la hora. Yo sabía que aquella vela navegando a sotavento, sin mástil ni orza podría alcanzar los casi 12 kilómetros por hora.
Después de la jornada llegué a una conclusión, el kayak está hecho para navegar a fuerza de remos, lo demás son tonterías para pasar el rato placenteramente sin hacer ejercicio físico.
Aún cuando llevaba el pantalón con peto de neopreno de 7 mm, me dí un baño después de arribar con el kayak a la playa. El agua del Mar Menor, aquel 3 de mayo, puente de la fiesta del trabajo, había alcanzado la temperatura de 26 grados. Teniendo en cuenta que en el mes de agosto el Mar Menor alcanza los 30 grados centígrados, este dato me hacía suponer que este año el verano se había adelantado y que sería mas caluroso de lo normal.
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