El mes de abril tocaba a su fin. El agua del mar pasó desde 14 hasta 17, grados. Y así seguiría hasta que llegase el cenit del verano. Las entradas al agua no duraban mas de 3 horas, mala mar, poca visibilidad, borrascas, algunas lluvias, todo me impedía poder bucear dedicando jornadas seguidas y durante largas horas de estancia dentro del agua, practicando la pesca submarina. A todo ello se añadía la escasez de pescado. Cuando el agua estaba en 15 grados, era habitual ver salmonetes, pero no en abundancia. Algunos superaban los 300 gramos. Algunos dentones esquivos de un kilo se veían a lo lejos, pero no entraban. También se veía alguna lubina que huían despavoridas. Asimismo algunos sargos de buen tamaño, y por supuesto muchos sargos chicos que iban en grupos. Los mújoles aprovechaban para comer algas en la red guía que llevaba hasta el barco señalizador de La Almadraba. Era muy difícil dispararles, pues, además de escabullidizos, ello suponía un peligro de enredo en las amplias mallas de la red, tanto del arpón y de su cuerda como del pez debatiéndose dando vueltas.
A pesar de todos los inconvenientes de abril, no podía quejarme, al menos había hecho un poco de deporte y había viajado unas 70 kilómetros para ver fondos submarinos distintos, aunque, igualmente, desiertos de pescado. Llegué hasta la costa de mi amigo Borriquete, del que rapté una lubina que luego le regalé, para paliar un poco el allanamiento de sus territorios submarinos. Junto a las rocas de los acantilados se empezaba a ver un alga que iba ganando cada vez mas extensión. Era un alga con forma de ramillete de textura muy áspera y rígida. Dudaba si podría ser la temida Caulerpa Taxifolia, que era un alga invasora y allí donde dominaba desaparecían otras algas y también los peces. Probablemente fuese un alga tóxica además de invasora.
La indumentaria del mes de abril, a pesar de que la temperatura estaba subiendo, era la misma y no me la quitaría hasta sentir calor, pues no estaba dispuesto a pasar frío. Un traje ya gastado de 7 mm, un chaleco con mangas de mas de 25 años, pero que aún conservaba sus propiedades aislantes, dos chalecos mas sin mangas de 3 mm. En el cinto llevaba 6,5 kilos de plomo, que para bajar a fondos de 12 metros los convertía en 5,5 kilos, quitando un kilo de plomo zafable. Con 15 grados de temperatura del agua, la capucha ya comprimida me hacía pasar frío, así que me colocaba encima otra capucha suelta.
Esperemos que mayo traiga el clásico dentón de todos los años, o varios.





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