El anticiclón se extendía inmisericorde por toda la península. Y, a pesar de que daban pronostico de levante fuerza 4, con el anticiclón la mar estaba hecha un plato. No obstante me fui a un lugar resguardado un poco del levante. Tiré para el lado derecho donde el monte deja caer acantilados que penetran a varios metros en la mar. Allí, al cabo de nadar un buen trecho, divisé una chica nudista sobre unas rocas bajo el acantilado. Pero no le presté mayor atención, habida cuenta que no daba abasto a disparar a tanto salmonete. Por si fuera poco, un bando de magres, o herreras, de medio kilo cada uno, se me acercó rodeándome por todos lados. Disparé a uno y un poco cautos se alejaron un poco. Volví a aproximarme al banco de magres que estaban en celo y clavé otro, pero se me desclavó. Una tercera vez conseguí acercarme y disparar, pero esta vez, la última, no acerté a ningún magre y desaparecieron en las lejanas aguas. Cualquiera hubiera pensado que tanto los salmonetes como los magres, eran fans de aquella chica nudista, porque estaban embobados y se dejaban cazar, cosa extraña en los salmonetes y en los magres.
Volví por el trayecto mas corto en línea recta al otro lado de la cala. En ese lugar, donde habitualmente había otros días mas salmonetes, esta vez no se veían. El sol se iba a ocultar en una hora. Ya llevaba 5 horas buceando. Decidí volver y salir. Por el trayecto me encontré dos pulpos copulando. Eran de buen tamaño, pero no me atreví a romper su luna de miel, habida cuenta de que el mas grande tenía metida una de sus patas, imagino cual, en el cuerpo de la hembra, que estaba en la cueva. Es curioso que el pulpo con 8 patas, tenga una adecuada para el menester de la reproducción. Los pulpos, me agradecieron con sus ojos, cuando me alejé de allí, dejándoles tranquilos hacer su faena reproductiva. De vuelta, aún me topé con varios salmonetes que fui clavando.
El agua, aquel día estaba en 19 grados. Llevaba el traje del año pasado de 7 mm, ya muy comprimido, con dos chalecos de 3 mm., también comprimidos. En el cinto solo llevaba 4,5 kilos de plomo, lo que daba fe de lo comprimido del traje, que de haber estado nuevo, necesitaría 8 kilos de plomos. Por lo que deduje que se había comprimido, reduciendo su grosor a la mitad.
Cuando llegué a casa, pesé el pescado. Resultado 1,727 gramos de salmonetes que fueron al congelador repartidos en 4 bolsas. Y el magre de 351 gramos que pasó directamente a mi estómago, después de 7 minutos de microondas, un chorro de limón y aceite.






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