El agua continuaba de color chocolate. La visibilidad no superaba los 4 metros en algunos sitios, en otros, ni siquiera dos metros. La marejada del viento del suroeste hacía estragos. No esperaba durar mucho dentro del agua buceando aquel día. Solo estuve dos horas.
La temperatura continuaba en 18 grados centígrados del agua marina. El traje de 7 mm, con dos chalecos y 6,5 kilos de plomos, eran una barrera contra el frio. Era agradable bucear en esas condiciones de comodidad.
Casi, a poco de haberme metido al agua, divisé algo blanquecino, que desde la superficie parecía una biblia abierta en su atril. Por unos instantes, pensé que sería raro encontrar vida submarina cerca de un icono de cultura humana. Deduje que si algún animal se atrevería a aproximarse a un libro, debía ser un animal curioso, inteligente y nada miedoso. Miré el contenido del libro, pero no conozco el idioma alemán. Parecía alemán. Mis pocos conocimientos de google del idioma inglés, me hizo descartar este como lenguaje de aquel libro. Era alemán, sin lugar a dudas. Cuando levanté la vista del libro, vi un pulpo junto a aquel compendio de cultura alemana. No muy lejos del pulpo, una botella de cerveza de cristal vacía. Aquel animal, deduje, sentía curiosidad por la lectura y por el aprendizaje de idiomas extranjeros, obra del hombre. También sentía querencia por los envases de cerveza, lo que no quería decir que se la hubiese bebido el. Pero nunca se sabe. Un pulpo es capaz de descorchar una botella de cristal y beberse la cerveza íntegramente. Lo que no estoy muy seguro, es que supiera leer en lenguaje alemán. Pero, desde su punto de vista de depredador, no dudo que pensaría, que tal vez otro animal marino, curioso de la lectura, podría acercarse a indagar en el contenido del libro y en ese momento el pulpo podría darle caza. Era una trampa para intelectuales submarinos. Yo, fui la primera víctima del cebo intelectual de aquel pulpo, pero de rebote, le disparé un arpón entre los ojos, y le convertí en una de las viandas que mas me gustan, pulpo a la cartagenera, asado a la plancha y servido con vinagre y aceite, cortado en trozos en un plato, junto con pan tierno.
Sentí lástima de aquel pulpo tan culto, cosa rara, entre tanto bestia depredador humano que, solo ve en un pulpo un manojo de billetes para engrosar su abultada cartera y morirse rico rodeado de billetes, en una agónica, enfermiza, miserable y continuada acción infractora de la Ley de Pesca Recreativa.



















