La temperatura del agua aquel día era de 18 grados. Traje de 7 mm, semi nuevo, con dos chalecos y 6 kilos de plomo en el cinto. Circunstancias adyacentes a la vida de la casa, me hicieron entrar al agua tarde, a las 15 horas y la puesta de sol a las 18 me limitó la jornada a solo 3 horas de buceo.
El agua estaba turbia, la visibilidad no era mayor de 4 metros. Las recientes lluvias y el sempiterno viento de lebeche, no hacían por mejorar la transparencia de la mar. Bastantes medusas pequeñas próximas a la orilla, era otro obstáculo. No obstante, anduve a las 15,50 horas, buscando en la profundidad de 15,50 metros, una guarida de pulpos grandes. Era algo descabellado aquel día. Dada la poca visibilidad del agua, lo que hice fue utilizar la técnica del ciego. Colocaba el plomo de fondear la boya, aproximadamente donde calculaba que podía estar la cueva del pulpo, luego bajaba y rectificaba el lugar donde colocar el plomo. En eso andaba, cuando una de las veces que quise tirar desde la superficie para cambiar el plomo de lugar, me di cuenta que era imposible, se había enganchado a algo y no lo podía despegar del fondo. Así que tuve que bajar a 15,50 metros de profundidad para liberarlo. Mi sorpresa fue grande, cuando descubrí que lo que aprisionaba al plomo era un pulpo dentro de la cueva que andaba buscando, por lo que dejé al pulpo y al plomo atrapado, para servirme de guía la cuerda de la boya en mis bajadas hasta el fondo, para intentar capturar al pulpo. En la primera bajada, por supuesto que apenas se veían 4 metros de cuerda, bajé por ella y disparé al pulpo a uno de los ojos, a la vez que enganchaba el mosquetón del fusil a la boya, para que el pulpo no saliese de su guarida y cambiase de lugar, haciendo desaparecer mi fusil con el arpón clavado. En la segunda bajada y en la tercera, intenté en vano con el gancho artesanal, extraer al pulpo clavado de su cueva, pero era imposible, porque el pulpo estaba dispuesto a dejarse desgarrar patas y cuerpo, aferrado bien dentro de su cueva, sin darme la mayor oportunidad de extraerlo. La cueva era muy grande y era imposible incluso ver al pulpo. En la siguiente bajada, opté por tirar del arpón, para ver si el pulpo salía, pero no, no salió, el arpón se desclavó y en las tinieblas de la turbiedad del agua, ascendí a la superficie dando por abortada la extracción de aquel valiente animal. Aunque, aún bajé una quinta vez, para intentar con el gancho extraerlo. Todo fue en vano. Continúe buceando, sin ver nada importante, algunos sargos, un mero que rondaba el kilo, amigable y fotogénico, al que no quise grabar, porque el sol tendía a ponerse. Volví y salí solo con un salmonete. Al salir un francés me pregunto por la pesquera. Le dije, que nula. La respuesta que me dio el francés estaba cargada de filosofía: Otro día pescaría. Si, llevaba razón, otro día, pero una retirada a tiempo es lo que da la oportunidad de pescar otro día. Dejarse la vida intentando en condiciones nada favorables intentando sacar un pulpo, no es lo aconsejable para nadie que tenga sensatez por su vida y por la del pulpo.
Aquel día, solo encontré en varias ocasiones bolas de plomo en el fondo. Eran muy gordas. Restos de los pescadores de caña de lanzar. La noche anterior tuve un sueño, que junto a la turbiedad del agua, me hicieron ser sensato. En el sueño, veía con envidia mientras yo estaba aburrido, como un compañero de trabajo iba acompañado de tres chicas. Reían y se lo pasaban muy bien. Incluso, viéndome a mi, solo y aburrido, me invitaron a unirme a su grupo. No recuerdo exactamente cual fue la excusa que les di para no acompañarles. Al despertar me di cuenta que el compañero de trabajo, que vi en el sueño acompañado de tres chicas, hacía varios años que había muerto. Era muy alegre y le gustaba vivir bien. Pobrecito. Y yo, envidiándole en sueños. Al menos estoy vivo, aunque las circunstancias de la pesca no me sonrían todos los días. Ese sueño, me llenó de prudencia a la hora de bajar aquel día. No se puede uno jugar la vida por una tontería. La vida vale mucho mas que un pulpo grande.







No hay comentarios:
Publicar un comentario