Aquel día, había comprado dos pares de escarpines nuevos antes de meterme de pesca. El agua estaba en 23 grados y llevaba 4,5 kilos de lastre en el cinto, con un traje de 5 mm y un chaleco gastado de 3 mm.
El agua estaba algo turbia, por lo que, encontrar el punto en el que hacer esperas, me costó un buen rato.
Localizado, hice dos o tres inmersiones, hasta que en una de ellas vi pequeñas samas. No les hice caso, esperando que la madre se acercase. Al poco rato, la que, supuestamente, podría ser la madre, se dirigió hacía la punta de mi arpón. No esperé a que me ofreciese el lado y le disparé de frente. La sama, dada la lentitud del arpón a causa de unas gomas agrietadas, tuvo tiempo de girarse, por lo que la flecha se le clavó tras las agallas, a muy poca distancia del cerebro. El animal alcanzado, se dirigió hacia el fondo para esconderse entre la posidonia. Tiré del fusil y la cuerda de la flecha, mientras ascendía, impidiendo que el animal se desgarrase frotándose contra el fondo, a pesar de la doble muerte de la flecha. En superficie, la cogí de debajo de las agallas y le clavé la daga, dándole muerte.
Ventilé limpiando los pulmones, he hice lo mismo una segunda vez. Otra sama, esta vez macho, se me dirigió hacia la punta del arpón. Hice la misma técnica, dispararle de frente apuntándole a los ojos. Pero, las malditas gomas agrietadas ralentizaron la velocidad de salida de la flecha, permitiendo a la sama, girarse de lado antes de recibir el impacto de la flecha. Dado que la cabeza de aquella sama macho era enorme en relación al resto del cuerpo, el impacto de la flecha alcanzó su lomo cerca de la cola en un pellizco, que el noble animal desgarró escapando del arpón. Con esto aprendí que, en las esperas, es mejor esperar a que el pez ofrezca el costado, para evitar que, la diferencia de altura entre la cabeza y la cola, al girarse, pueda el arpón no alcanzar carne en la que clavarse, errando el tiro.
El próximo día, compré gomas nuevas para el fusil. Pero el viento había cambiado, por poniente, y no vi ni un pescado. No disparé ni un solo tiro.



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