El fin del maldito confinamiento, se acercaba. El final del virus, era como el parto de la montaña. Se esperaba un gigante, para tenernos dominados, pero la montaña solo parió un pequeño ratón. El virus había muerto, debilitándose. Las muertes de víctimas del Covid 19, habían pasado al pasado. Quienes, con aviesas intenciones de perpetuar un estado de alarma, perpetuo, por si el virus está, por si aparece, tienen los días en política mas contados que el virus y sus víctimas. Es necesario ver el futuro sin amenazas. Quien amenaza a destiempo, cuando a tiempo no tomó previsiones, solo es eso, una amenaza que hay que desterrar. La vida, nace si existe esperanza, si todo son amenazas y pérdida de derechos, la vida no es tal vida, sino esclavitud y miseria. Por eso, quienes pretenden mantenernos en este estado perpetuo de alarma, ya no van a vender ni una escoba, pero serán barridos de la política, no sin antes, como debe ser, rendir parte de su mala gestión.
El agua tenía, aquel día primero de junio, la temperatura de 21 grados. El traje de 5 mm, de mas de dos años, y un chaleco de 3 mm, junto a cuatro kilos de plomos en el cinto y medio kilo en cada tobillo, completaban el atuendo de pesca submarina.
Vi aquel banco de lubinas. Entre ellas había algunas mas grandes. El resto no daban mucho la talla. Apunté a una de las mas grandes y apreté el gatillo. La cacé justo por debajo de las agallas, a punto de desgarrarse. Pude rematarla con el cuchillo y colgarla en la boya. Luego fueron cayendo otras dos en otros lugares y ya no de bancos de peces. Las últimas lubinas, fueron mas inteligentes, cuando me vieron, se metieron entre la posidonia y desaparecieron. Los animales, aprenden y saben sobrevivir a las circunstancias adversas. Si los humanos tuviésemos el mismo modelo de aprendizaje y adaptación que los animales para sobrevivir, tal vez esta pandemia del coronavirus, no hubiese dejado ningún muerto, como ha pasado en Vietnam. Este país, que apenas tiene hospitales y los que tiene son tercermundistas, con el doble de habitantes que en España, no ha tenido ni un solo muerto. Tal vez todo se deba a su sana alimentación, plagada de probióticos y fermentos. Famosa es su salsa de pescado, nuoc cham , parecida al garum romano.







No hay comentarios:
Publicar un comentario