El cuarto día de pesca submarina tuvo premio. El agua estaba en 25 grados. El traje de 5 mm, de dos o tres años de antigüedad, un chaleco de 3 mm., y en el cinto cinco kilos de plomos. La previsión era viento del suroeste de fuerza 5. Las olas golpeaban en medio de la mar como pedradas, pero el agua estaba transparente. Tal vez por eso, cuando me vio aquella monstruosa lubina que nadaba próxima a la superficie, lo primero que hizo el animal, fue sumergirse hasta llegar al fondo, y entrando en una cueva submarina se escondió. Llevaba el fusil de 115 mm. cargado en la primera muesca, con el arpón de dos aletillas, apto para cazar a la espera. Bajé al fondo, mirando con la linterna por donde la lubina se había metido. Pude divisar su enorme cola. Ascendí a la superficie, sin aletear mucho, para no asustarla mas y evitar asi que se marchase de su escondite. La segunda vez bajé por la parte contraria a donde la lubina había entrado, pues la cueva formaba como un arco, con una entrada y una salida en la parte opuesta. El fusil lo llevaba ya en posición de apuntar y disparar. Entonces divisé su enorme cabezota. Parecía de piedra, o mármol. El animal estaba blanco del susto. Estaba inmóvil asomando la cabeza enorme. Apunté a un ojo ya muy cerca del animal. El arpón salió disparado penetrando por el ojo, sin llegar a atravesar del todo a la lubina. Antes de ascender, conseguí empujar el arpón, para que atravesase el cuerpo del pez, abriéndose las dos aletillas y de esa manera evitar que el animal pudiese escapar, pues, aunque el arpón le había penetrado por el ojo, atravesando la cabeza, no obstante, el animal se debatía dando vueltas alrededor del arpón. La atrapé con la mano izquierda por debajo de las agallas, mientras desenfundaba el cuchillo de la pierna, clavándoselo en la dura cabezota, hasta que el animal dejó de debatirse y de sufrir.
Después vi algunos meros de aproximadamente un kilo, lubinas pequeñas y algunas lechas pequeñas, a los que no disparé. Pero una lubina de un kilo intentaba esconderse en una cueva. El arpón la detuvo en su huida quedando atravesada. Aún no había cazado ningún pez, para comer aquel día. Así que una lubina de aproximadamente 400 gramos, fue la solución. Por fin, aquel día había tenido su premio. Una lubina que aunque solo pesó 4 kilos, por su enorme cabezota parecía una lubina jurásica.











