MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



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jueves, 22 de octubre de 2020

En el cielo del paladar. Un bocado mortal.










 

Pasaron varios minutos, hasta que por mi cabeza pasó la idea de realizar la intervención quirúrgica. Era imprescindible hacerla. El filo cortante del cuchillo iba haciendo un surco en el cielo del paladar. Se podía entrever el acero del arpón incrustado en los huesos de la calaverade aquel animal.

Todo comenzó aquella tarde. El cielo estaba nublado. Algunas gotas finas de lluvia apenas se dejaban sentir y enseguida cesaban. Por eso, tal vez,  no me decidí a entrar al agua hasta las 16 horas.

La temperatura del agua continuaba en 19 grados. El traje de 7 mm de unos cuatro o cinco años y algo comprimido, mas un chaleco de 2 mm., nuevo, era toda la protección contra el frio. En el cinto 6,5 kilos de plomos.

Estuve buscando los mújoles desovando. Cuando los encontré, junto a ellos, algunos espetones se movían en  manada. Apunté desde la superficie sin sumergirme el estrecho cuerpo de uno de esos animales, aproximadamente a dos metro y medio o tres de distancia. Nadaban a media agua. Aunque apunté a conciencia, la larga distancia a la que se encontraba el pez, me inclinaba a pensar que no acertaría a darle.  La precisión del arpón, hacía que mi incredulidad sobre la puntería se fuera extinguiendo. Después un segundo espetón corrió la misma suerte que el primero por el mismo procedimiento. La puntería, aquel día era de matrícula de honor.

Cuando di la vuelta al cabo, la mar estaba planchada. Una ligera corriente del suroeste me hacía alejarme del punto en el que me encontraba en superficie. Desde la superficie, a las 17 horas vi mucho movimiento de bancos de obladas y de chirretes.  Muchas castañuelas adornaban la escena. Estaba mirando los bancos de obladas, cuando vi al fondo una manada de 5 dentones bastante grandes. Bajé al fondo e hice una espera. La espera duró un minuto Nada de nada. Los dentones, parecía que habían pasado por allí y se hallaban muy lejos ya.

Continué haciendo esperas con el fusil de 115 cm, y con la flecha de dos aletillas o muertes. Algunas veces veía a los dentones muy lejanos. No se acercaban.

Al final de un tiempo de espera en el fondo,  por el perfil de la roca que tenía a mi izquierda, vi acercarse una pequeña lecha de frente. Enderecé despacio el fusil apuntándole. Me di cuenta conforme se acercaba que era una lecha grande. Apunté al centro del morro y apreté el gatillo. El arpón con dos aletillas, salió disparado a toda velocidad incrustándose en el morro superior del animal, que quedó tiesa, ensartada en el arpón. Pensé que el arpón la había ensartado desde la cabeza a la cola sin llegar a salir Le clavé el cuchillo en la cabeza, para matarla. La colgué en el aro portapeces, pero cuando quise extraer el arpón, este no se podía mover. Intenté empujar la flecha hacía delante, para que saliese del cuerpo del animal y poder extraerla, pero aquella no se movía, no iba ni adelante ni hacía detrás. Entonces medí con el fusil la distancia de flecha que no había penetrado en el cuerpo del animal y me di cuenta que la flecha apenas le había penetrado. Habían entrado justo las dos aletillas que no se veían, nada mas, es decir solo la punta del arpón. Eso me hizo pensar, que tenia que cortar el paladar el animal, justo la distancia de la punta del arpón  para extraer la flecha. Con precisión fui haciendo una incisión en el cielo del paladar. El acero de la flecha se veía. Entonces, intenté moverla como sacando una muela, para un lado y para otro. Poco a poco a través de la incisión quirúrgicamente practicada, el arpón se desprendió del tejido óseo del cielo del paladar.

Una vez la flecha libre, continué haciendo mas esperas, pero solo logré disparar a un dentón que estaba fuera del alcance del fusil y al que no conseguí tocar con el arpón, a pesar de haberle apuntado muy bien, ya que si hubiese estado al alcance de la flecha lo habría atravesado.  Ahí terminó la jornada.

Mientras otros pescadores submarinos que se meten todos los días a esquilmar y convertir en billetes, ilegalmente y de manera furtiva, todo lo que capturan si respetar las tallas mínimas, pero son unos inútiles y unos incapaces, para capturar lechas teniendo que comprarlas por cajas, yo que me meto espaciadamente con el animo de hacer deporte, había conseguido aquel día, nada menos que cuatro kilos de lecha en una sola lecha y con ella terminé de llenar el congelador. Ahora, tocaba regalar el pescado a mis amistades, o invitarles a comerlo en casa. El congelador, había que vaciarlo para poder volver a llenarlo y así poder continuar practicando la pesca submarina recreativa, no especulativa. Porque siempre he pensado que quien furtivamente convierte el fondo y la vida submarina, con capturas ilegales, en billetes,  es algo mas que un furtivo, es alguien que está completamente al margen de la moral, de la ley  actuando, asimismo, contra la naturaleza. 

Una cura de humildad, para esos furtivos, e inútiles pescadores, que tienen que comprar lo que no saben pescar.

miércoles, 21 de octubre de 2020

El seguro la salvò



Después de pasar tres días desde una gastroenteritis, ya bastante recuperado, me metí a bucear. Dudé tanto si meterme, o no, que, al final entré al agua a las 17 horas, cuando el sol se ponía a las 19 horas y 21 minutos. Dos horas de buceo, no entraban dentro de mis costumbres, pues cuando menos suelo estar mas de tres horas. Pero, preparar el equipo y decidirme me hicieron perder mucho tiempo. Al final, dado que no estaba en buena forma ni recuperado totalmente de la gastroenteritis, las dos horas se me hicieron eternas y solo estuve dentro del agua una hora y media.

La temperatura en el agua era de 19 grados. Me puse el traje de 7 mm, de unos 4 años, un chaleco de 2 mm, recién estrenado. En el cinto llevaba 6,5 kilos de plomos.

Estuve encima de los mújoles desovando, pero seguían en alerta de vigilancia y me fue imposible capturar alguno. Próximos a los mújoles había unos pequeños espetones, no en parejas como suele ocurrir en el mes de julio y junio, sino en manada. Apunté sin sumergirme a uno de los que parecían mas grandes, y disparé. El arpón obediente atravesó ese cuerpo tan fino como una aguja, dando una puntuación de sobresaliente al tema de la puntería.

Doblé el cabo, pero me faltaban las fuerzas y quedaba pocas horas de sol. Estuve bajando a una cueva en la que había un mero. Pero no supe calcular cuanto pesaría antes de que el mero decidiese no verme mas. Probablemente pesaría un kilo y medio. Rozaría el límite permitido. Tal vez dos kilos. Sea como fuere, esa cueva era su hábitat y ahí sabía que estaría dentro de unos meses, mucho mas gordo y grande.

Ya, cuando faltaban pocos minutos para decidir salir del agua, pasé otra vez por donde estaban los mújoles. No les vi, habrían cambiado de lugar, para que los depredadores no les cazasen entusiasmados con la freza. Algunos barcos estaban dando vueltas por la zona con el curricán. Seguramente habrían capturado alguna lecha y eso les mantenía en la misma zona haciendo círculos.

Cuando los barcos desaparecieron, me dirigí a la zona donde habían estado. Solo dos lechas junto a dos dentones pequeños, fue todo lo que vi. Apuntado a una de las lechas, apreté el gatillo. Pero para sorpresa mía el gatillo no se dejaba apretar. El maldito seguro se había colocado solo, salvando la vida a aquella lecha, que continuo su navegación junto a su pareja, salvada por el seguro. No importa, pensé, tengo el congelador lleno de pescado, una paella de tres días esperando en el frigorífico para comerla. Y la lecha, tampoco pesaba mas de un kilo.

El día no fue bueno. El estómago me dolía con pinchazos de resultas de la enfermedad pasada. Pero la paella, puso fin a los dolores de estómago, quedándome saciado y satisfecho, pues, al menos había hecho un mínimo de ejercicio.
 

lunes, 12 de octubre de 2020

El mujol del rock and rock


El agua estaba en 20 grados. Una chaqueta de neopreno de 7 mm de unos 4 años, un chaleco de 3 mm y un pantalón de 5 mm. En el cinto 5,5 kilos de plomos.
Los mújoles estaban reunidos para desovar. Pero la unión, hacía que todos estaban pendientes de dos cosas, de desovar con la hembra y del enemigo depredador. La sociedad era perfecta. Era una orgía de desove y de vigilancia al mismo tiempo, pero distribuidas entre distintos ejemplares. O bien todos actuaban a tiempo parcial, desovaban y después vigilaban, o viceversa. Sea como fuere, no logré disparar  a ninguno, pues me atisbaban y huían veloces. Lo que si pude clavar de un solo disparo, fueron dos espetones. De los cuales solo me comí uno que pesaban 400 gramos. Después de verme una lubina de kilo, bajó a esconderse en una sima. Unas lechas me hicieron bajar, pero huyeron. Aprovechó la lubina el trasiego para quedarse vigilando fuera de la sima. Pero bajé de frente apuntándole. El tiro la dejó tiesa. Luego una lecha. Ya pensaba recogerme después de 4 horas buceando. Pero, cambié de idea y anduve un kilometro mas por la costa. Algunos magres huidizos. No se veía nada mas. Pero en dos palmos de agua, observé varios mújoles que estaban desovando a una hembra, entretenidos entre la posidonia en su trabajo, tanto que no me vieron. Una música lejana de rock and rock, amenizaba la atmosfera fuera del agua. Tal vez los peces no estaban desovando, sino bailando el rock and rock. Sea como fuere el arpón salió disparado buscando el cuerpo de la mujola rockera atravesándolo. mientras se debatía conseguí alcanzarla y clavarle el cuchillo en su cabezota. Curiosamente, la música rockera, me dio la oportunidad de completar una variada pesquera.

 

Morrallas de octubre



 

El můjol del dia de la verga de acero