- El agua continuaba en 19 grados. El confinamiento perimetral para burros, era absurdo, porque los borricos, rebuznan y rebuznan, dan coces y mas coces, aunque estén amarrados en su establo. La libertad del borrico es inmensurable.
- El traje de 7 mm de unos cinco años, dos chalecos de 3 mm., en el pecho y 7,5 kilos de plomos en el cinto, eran el atuendo de esos días.
- No se veía pescado, solo algunos pulpos chicos, a los que me limitaba a acariciar, con la punta del arpón, con mucha suavidad.
- Uno de esos días, la linterna que llevaba colgada de la muñeca con una cuerda de dinema, se me perdió.
- Hacia poco tiempo que la había echado en falta. Lo difícil era encontrarla, pues era muy pequeña y de color negro. No me puse nervioso, apliqué la tranquilidad y la lógica. Se trataba de recuperar la linterna que valía solo 50 euros, no una gran pérdida. Apliqué la lógica rastreando el fondo submarino pegado a las rocas y grietas. Iba escaneando con la mirada toda la superficie, desde donde tenía fondeada la boya, hasta donde había clavado aquel salmoneitor. Fue mas o menos en ese trayecto, después de colgar el salmonete muerto en el aro portapeces, cuando noté que la linterna la había perdido. Al final la encontré y pude seguir pescando.
- Los espetones estaban en algunos lugares en manadas desconfiadas. Era necesario acercarse a la manada desde arriba con tranquilidad, sin hacer turbulencias con las aletas y respirando como si no se notase. Si alguno estaba a tiro, apuntar desde la superficie y disparar. Pero, no siempre se acercaban a tiro de la superficie. Entonces había que bajar sin apenas hacer ruido, sin compensar, apuntar y disparar. Si se apuntaba bien, la captura estaba asegurada. era difícil errar un tiro bien apuntado y al alcance, si el espetón aún no había salido como una flecha.
- Cuando ya el sol se estaba poniendo, a la vuelta, me encontré debajo de una roca a un salmonete grande, asomando su cabezota. Disparé a la cabeza. El salmonete dio una vuelta y desapareció. En su lugar una maragota estaba como aturdida con la cabeza boca abajo y dando la sensación que ella había sido la receptora del disparo. Curiosamente, el salmonete seguía asomando la cabeza, como si el disparo no hubiera sido para él. Apunté de nuevo al salmonete y disparé. Otra vez apareció la maragota, como atontada cabeza abajo. Entonces apliqué la lógica, no es que el salmonete creyera que el disparo no iba con él, es que a lo que yo había disparado era a la cabeza de la maragota y esta se había quedado tan aturdida la primera vez, que pensó que el disparo no iba con ella. Yo, creyendo que seguía el salmonete asomando la cabeza, le disparé un segundo tiro, pero otra vez había dado en la cabeza de la maragota. Por lógica, alguno estábamos equivocados. Y esos eran la maragota y yo. El salmonete aplicó su lógica y huyó del lugar del crimen.
Desde siempre, el tiempo dedicado a la pesca submarina me ha parecido poco. Mas allá de un cabo, mas allá del minuto presente, siempre tengo la ilusión de encontrar algo imprevisto. Esas experiencias son las que me hacen conservar esta afición.
MI MUNDO SUBMARINO:
Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.
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jueves, 12 de noviembre de 2020
La logica aplicada en la mar. Como si no fuese con el.
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