Aquel tenedor de plástico en el fondo submarino, no presagiaba nada bueno. Basura y mas basura en los fondos oceánicos. Seguí aleteando a pesar del oleaje que levantaba el temporal de noroeste.
Alguna morena hacia lo que todos los depredadores submarinos, pescar al acecho. Ya no era solamente aquel enorme espetón, o estos dentones de hoy, la morena se incluía en el club de cazadores. Yo también lo intente, cuando vi los dentones. Pero la morena me expulsó del lugar del acecho, como dueña y señora de su territorio. Diríase que el propio arpón era quien apuntaba sobre si mismo en dirección a la gran cabezota del mero.
Sea como fuere, el disparo atravesó el cerebro del animal, dejándole muerto en el acto.
Cuando vi el tamaño del mero, quise dejarlo libre para que volviese a vivir. Era tarde ya, el arpón le había arrebatado su corta vida.
Un buen tonete, diría Borriquete. Pero esa filosofía criminal, no entra en mi historial. Me sentí culpable de mi error, no haber sabido calcular la talla del animal a priori. No era mi intención matar un animal así, tan pequeño. Me maldije, igual que maldigo a todos aquellos que capturan peces que no dan la talla legal.
Pero me lo lleve para casa, como penitencia, por mi error.
Un tonete de los de borriquete, para mi es una cuestión de honor y de ética, no un chiste, ni un trofeo a exhibir. Pido perdón desde aquí a todos los meros, muertos, o capturados, por cualquier desaprensivo que no dan la talla.
Este solo media 39cmm. Le faltaban 6 cm para dar la talla reglamentaria.
Seguí avanzando contra el enorme oleaje y la extenuante corriente. El agua había bajado hasta los 15 grados. Aquel mero parecía grande visto por la hendidura de la roca de su cueva. Primero se puso de perfil, luego me mostró su gran cabezota. No le apunte, solo dirigí el arpón, mientras miraba en ángulo de 45 grados perpendicular a la dirección del arpón. Diríase que el arpón cobrando vida, se apuntaba solo sobre si mismo en dirección al cerebro del mero. O Tal vez el mero fue en busca del arpón. Sea como fuere, esa captura la consideraré un crimen contra el medio ambiente y contra aquel mero. Pero, ya era tarde, el crimen no tenía remedio.






