Harto ya de que el tiempo me tuviese acobardado durante 3 largos meses, en los que sólo pude bucear 4 días, y en los que no pude disparar ni un solo tiro, porque no había pescado, me decidí a echarle valor, hacer 60 kilómetros, sacar el kayak con todos los accesorios que lleva y a una hora mas bien tardía, poner rumbo con el equipo de pesca submarina hacía La Azohía.
El viento de levante no daba otra alternativa, o quedarme en casa como he hecho durante esos tres malditos meses, o jugármela haciendo kilómetros, y terminar comiendo a las doce de la noche.
Llegué a la Azohía a las 14 horas. A las 16 horas me encontraba ya buceando. Había recorrido con el kayak unos dos kilómetros. El agua estaba a 14 grados, dos grados menos que el día anterior en La Manga. También estaba turbia y el fuerte viento de levante de fuerza 4 hacía imposible avanzar mas de dos kilómetros, pues el oleaje era desagradable. Aquel lugar que era el único a cubierto del levante, y si me descuido ni allí se podía bucear. Maldito año de temporales y borrascas. Me encanta maldecir como a los viejos lobos de mar. Aunque yo de lobo de mar no tengo nada.
Llevaba el traje de 7 mm, sin peto, nuevo comprado en diciembre. 6 kilos y medio en el cinto me hacían bajar bien. No se veía pescado, solo algunos sargos chicos.
Baje a aquella piedra donde a veces he visto meros, corvinas y brótolas. Pero la piedra estaba a 14 metros de profundidad completamente desierta. Decidí volver hacía donde tenía el kayak amarrado.
Pero la fuerte corriente y las medusas y animales de la familia de las medusas en forma de gusanos gigantescos llenos de puntos y pelos urticantes, me hicieron salir del agua cuando llevaba tres horas buceando infructuosamente. No disparé ni un tiro.
Había animales submarinos raros. Aquella medusa con cuatro ojos, era como una invasión. Eran muchas. Y esos gusanos enormes también abundaban. Vi una especie de gusanos minúsculos llenos de anillos que segregaban un líquido de varios colores, que con el sol brillaba. Imaginé que era veneno urticante. Ni siquiera me atreví a coger la cámara y fotografiar aquellos seres tan extraños.
En realidad solo quería probar la sonda, regalo de mis compas, y el nuevo timón reparado.
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