La previsión era que, la mar de fondo iba en aumento hasta alcanzar un metro de altura. Así fue. Para salir del agua tuve que sufrir algunos revolcones peligrosos con todo el equipo.
La temperatura del agua era ideal, 23 grados. El traje sin peto de 5 mm, comprado el año anterior, junto a un chaleco de 3 mm, permitían disfrutar de esa temperatura tan agradable. En el cinto llevaba 4,5 kilos de plomos.
La mar de fondo era bestial. Mareaba. El pescado estaba desaparecido. Se veía micha vida próxima a la superficie del agua, pequeñas crías de peces en bancos, dobladas, sargos, etc. Los peces que acometían el fondo de rocas y posidonias, eran salpas y algunos sargos pequeños. Vi algunos meros pequeños, de un kilo aproximadamente, a los que no disparé, respetando su pequeña talla. Es curioso, pero el mero sabe cuando tienes intención de cazarlo y cuando no. De esta forma, ´pude disfrutar viendo a los pequeños meros por parejas en sus cuevas.
El día anterior, mi amigo, el sabio Borriquete, me comentó que, cualquier sanción impuesta con anterioridad, podía ser anulada, por aplicación del principio constitucional de retroactividad de la ley sancionadora mas favorable.
Aquel día, hice un brindis a mi amigo y al derecho Constitucional, pescando tres pulpos. Pues hacía muchos años que no había comido pulpo cazado por mi, desde que se implantó la prohibición absurda de la pesca recreativa del pulpo. Con lo ricos que están.
Cuando salí de pescar a las 4 horas de haberme metido, le regalé uno de los pulpos a una pequeña admiradora, junto con unas orejas de mar para su pequeño y gracioso hermano. Personajillos que muchos días esperaban que saliera de pescar para mirar todo el equipo que llevaba y hacerme preguntas curiosas sobre la mar. Era la única forma de aprender, preguntar, preguntar y preguntar.



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