MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



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jueves, 8 de febrero de 2018

El pene de San Apapucio aparece, cuando comia las cascaras de los altramuces que tiraba el conde Lucanor


Aquel día, se repetían las variables del anterior, misma temperatura del agua, misma profundidad, misma cueva donde se encontraba el pulpo mas grande, que pesó 4 kilos. La anécdota es que esta vez, después de bajar tres veces a 15,2 metros de profundidad, una para clavar el primer arpón, la segunda para clavar el segundo arpón y la tercera para enganchar el primer arpón a la cuerda de la boya, en la cuarta bajada, que intenté extraer al pulpo de su cueva, tirando de los dos arpones, aquel oponía una resistencia tan grande que nada pude hacer. Se había cubierto la cueva de piedras grandes y de una botella de litro de cerveza. Aquel pulpo era un sibarita de la cerveza y tenía una fuerza descomunal. Cuando le vi la primera vez que bajé, sus brazos me parecieron mas gruesos que el pulpo de 7 kilos, capturado anteriormente en la misma cueva. La idea de utilizar el gancho afilado corto, para clavarle y extraerlo, era la única opción de que disponía. Así que en la quinta bajada hice todo de golpe, clavar el gancho y tirar inmediatamente con fuerza del pulpo. Aquel, esta vez, ya no opuso resistencia y abandonó su fortaleza de cerveza y piedras.
El día no permitía volver el cabo, pues una barrera de medusas, desde el fondo hasta la superficie, me disuadió. Volví por la bahía, y encontré dos pulpos mas, luego se me apareció en el fondo un objeto de madera pulida, con forma de falo de San Apapucio. Estaba horadado por los teredos y un fragmento del objeto se desprendió al meterlo en la malla. Lo guardé porque aquel objeto, me había aparecido por algún motivo oculto, que,  ahora buceando, era incapaz de interpretar, si aquello tenía alguna interpretación posible.
Aquella mañana vi, antes de meterme a bucear, salir con su barca al Asturiano, quien me dijo que Borriquete se había metido por allí esa misma mañana. Menos mal que no creo en supersticiones, ni en la ventaja de, a quien madruga Dios le ayuda, porque a mi, esas tonterías no me dicen nada. Con lo a gusto que se está en la cama hasta las nueve de la mañana, a cubierto de los fríos mañaneros de invierno. A fin de cuentas, el día trae 10,5 horas de sol, no hace falta coger atajos de madrugada. Si hay pesca y suerte, aunque el Conde Lucanor madrugue y nos quite los altramuces, siempre dejará las cáscaras de aquellos, y algún suculento altramuz, que no podrá digerir. Así ocurrió, Borriquete me dejó las mejores piezas aquel día, con  lo que mojarle la oreja, aún podría, si el pene de San Apapucio me lo permitía.
Me dirigí a la cuna de las lubinas, pero no vi ninguna. Pero a la vuelta, encontré material para hacer pulpo a la cartagenera. No se podía pedir mas de un lugar sometido a tanta brega, por los talibanes pescadores del lugar, que no perdonaban meterse a bucear ningún día.


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