MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



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viernes, 22 de junio de 2018

Quincalleria barata












No me gustan los billetes de papel, prefiero una tarjeta de pago, no una de crédito. El papel, al final termina siendo papel arrugado, sucio, o mojado. No vale nada en si. Solo es un medio de trueque admitido universalmente. Pero, si no truecas, ni gastas, no hace falta el papel billete. Prefiero la quincallería, aunque sea barata, por ejemplo, monedas de plata. Eso, es otro cantar, las puedes tocar, guardar, etc, y no se mojan, ni se arrugan. Valen al menos su valor facial, pero siempre valen mas por su valor metal. Por eso, entre coleccionar papel billete, o monedas de plata, elegiré siempre esta última. Y, entre vivir la vida, comiendo un mero saludablemente cocinado, o un papel de billete guardado insepulto y nunca gastado, prefiero el mero comido y vivido al papel arrugado y enchurrascado. Ya fuera de casa, en restaurantes, nunca pido pescado, solo carne. No me gusta comer pescado, si no es fresco y recién sacado. Pero, sin comprenderlo, respeto al pescador que no come pescado fresco, que prefiere guardar billetes de dinero, a comerse un buen mero, bien cocinado al estilo casero. También respeto, al que guarda el pescado en la nevera y lo come cuando llega la primavera, cuando las bacterias ya han comenzado su faena. El pescado fresco, la carne antes de que empiece a oler mal.
Todo esto no tiene nada que ver, con la pesca de los últimos días. Es difícil pescar en aquella punta, donde cada día le sacan punta, cien mil buceadores, tanto de botellas como de fusil. Por eso, solo busco hacer ejercicio y entretenerme seis horas buceando cada día, mientras me entreno y pongo en forma afinando la puntería. Bajar 150 veces y disparar casi cien tiros, para pescar seis espetones, no es productivo, pero tampoco indigno ni vergonzante, ni ilegal. Me gusta salir exhibiendo mis humildes pesqueras, aunque a los pescadores furtivos les de vergüenza ajena y no se dignen saludarme. Ellos, tal vez, si que deberían sentir vergüenza de infringir la ley, en todo su esplendor. Pero llevan la cabeza alta y no la agachan, ¿porqué iba a hacerlo yo?. ¿Por qué haya pescado para comer unos espetones o unos salmonetes? Queva, equivocados van, si no me saludan, me ahorraré saludarles. Soy asocial y no tengo vergüenza. Eso si, soy legal, educado y cumplidor con los demás. Pero detecto un geta, un sinvergüenza, un puto interesado y un maleducado. Los repelo como el gato al agua. Me los sacudo.  Visto, que los furtivos, han expoliado todo, solo queda pescar para comer, modestas pesqueras. Salvo que un mero decente de la talla y se ponga al alcance de mi fusil, o cualquier otra pieza decente. Mientras tanto, no bajaré la frente, nunca, nunca, nunca. Y tampoco intentaré ser igual a los demás. Me gusta ser como soy y me dejan ser, las circunstancias casi siempre adversas que me rodean. No soy Caín, tampoco Abel.
El fuerte viento de levante que arreciaba aquellos días,  previos al verano, a partir de mediodía, solo me dejaba meterme a cobijo de aquella punta, esquilmada. El agua estaba en 22 grados. El traje de 5 mm. y dos chalecos en el pecho. En el cinto cinco kilos de lastre.
Muy ricos, esos espetones.

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