Era como una cagada de gaviota, refresca al principio cuando el animal desde lo alto nos deja caer sus excrecencias, líquidas, frescas y blancas. No tenía mas remedio que sacudirme las excrecencias de gaviota, que me producían las pesqueras del Sabio Borriquete. Tiene, Borriquete, unas armas sencillas, antiguas y rudimentarias, pero entre ellas, la mas productiva era madrugar, aunque ello le pudiera suponer pasar el resto del día, después de pescar, a la sombra aburrido. Cosa mas llevadera, ahora que viene la canícula. Aquel día que vino a enseñarme su pesquera a las puertas de mi casa, me espoleó de tal manera que, aún siendo las tres de la tarde, cogí el coche y me fui a la provincia limítrofe, esperando que el gran Cabo de Gata, dejase la mar al abrigo del sempiterno, este año, viento de lebeche. Después de hacer unos 80 kilómetros, me di cuenta que el temporal, hacía estragos en aquella lejana costa también. Los borregos o espuma de las olas de viento, me hicieron abortar la pesca y desandar en coche los 80 kilómetros, sin mojar el traje de pesca.
Así que al día siguiente, me marché a los lugares de campamento de invierno. Pero, el primer día luchando contra el vendaval de poniente que a un kilómetro de la costa me azotaba impunemente, después de tres horas sin disparar un tiro, viendo una red de pesca próxima al lugar de pesca, también abandone, sin haberme podido quitar la caca de gaviota que me producían las pesqueras de Borriquete.
Al día siguiente, después de dormir acampado en aquel lugar, era la moción de censura de Pedro Sánchez contra Rajoy, así que pensé, si le mojaba la oreja a Borriquete, no sería tan solo eso, sino se convertiría en una moción de censura, contra la caca de gaviota, que me producían las pesqueras del Sabio de la Zona.
Aquel día, cambié de cuchillo. Compré uno nuevo muy económico, pero no por eso malo. Borriquete, aún llevaría un simple cuchillo de cocina, atado con unas lienzas de goma. Pero, yo no soy Borriquete, llevo una buena boya, y pescar sin un cuchillo decente, me impediría meterme. El agua estaba en 20 grados, traje de 5 mm, sin peto, con dos chalecos sin mangas. 5 kilos de lastre en el cinto. La previsión era viento del suroeste fuerza 4. Allí, salvo una pequeña corriente del sureste, la mar no estaba mala. Lo primero que vi, cuando llegué a las piedras, fueron tres corvinas de arena, llamadas verrugatos, que huían de mi presencia. Sin soltar de la mano el plomo de lastrar la boya, me deslicé contra la mas próxima de las corvinas, disparándole in extremis cuando se iba a meter en una grieta. La atravesó el arpón, pero se escapó. Lástima, era bonica. Seguí pescando, me fui a las piedras que están a mas fondo. Bajé a unos 11 metros de profundidad y miré bajo unas rocas a mi derecha, sin ascender, me giré mirando a otras rocas a mi izquierda, retorciendo el cuerpo como una toalla a escurrir. Le vi allí. Era el mero Sánchez, el de la moción de censura contra Borriquete. Se veía grande, allá en el fondo de la cueva, parecía dormir la siesta, eran las 17 horas. Estaría durmiendo, por haber madrugado tanto como Borriquete. El fusil lo tenía en mi espalda, igual que hace Borriquete, cuando se le aparece la Virgen en forma de pez. Tuve que hacer una operación arriesgada, girar el fusil sin hacer vibraciones, para poder apuntar al mero Sánchez, el de la moción, tenía, para ello que girar el arpón casi 360 grados. Lo hice y encendí la linterna. Todo en milésimas de segundo, porque el aire faltaba ya en los pulmones. Le volví a ver, si, parecía asiestado de madrugar. Esta va a ser mi oportunidad, a quien madruga Dios le ayuda, pero eso, solo le sucede a Borriquete, este pobre mero, por madrugar tanto, y estar a esas horas durmiendo la siesta, le iba a sacudir un arponazo de los buenos apuntándole al ojo, pues los peces, aunque duermen no cierran los ojos, pues no tienen párpados. Apunté al ojo, apreté el gatillo, y la moción de censura fue atravesada cerca del ojo, saliendo el arpón por la barriga del mero Sánchez. El animal se sacudía, mientras, sin ascender aún, tiraba del arpón para extraerlo de la cueva. Inmediatamente, le cogí bajo las agallas, y coloqué la punta del cuchillo en su cabeza, penetrándole el cerebro y dándole muerte. El cuchillo, tal vez era el que me había dado suerte.
Ilusionado con contar la historia de la moción de censura del mero Sánchez, olvidé relatar la del Berrugato. Cuando me disponía abandonar el lugar donde había clavado y se me había escapado aquel verrugato, le vi muerto en el fondo. Estaba degollado. La parte baja detrás de la cabeza estaba seccionada. Increíble que el arpón hiciera una herida tan mortal y el animal pudiese escapar después. Lo mismo me ocurrió después con un supersalmonete mas grande que mi mano. Después de clavarle en la cabeza, cuando fui a cogerle, escapó. Era tan grande y tenía tanta fuerza después de muerto, que el arpón, lo arrastró un metro. Pero ese salmonete, si escapó. Estuve unas 6 horas buceando y me encontraba bien, había bajado unas 60 veces a ver debajo de las rocas. Pero, salvo esa moción de censura, suficiente para quitarme la caca de gaviota que me producían las pesqueras de Borriquete, no vi otra cosa.
Cuando llegué a mi casa eran las 12 de la noche, congelé el pescado para regalarlo a mi amiga, me duché y me comí media melva a la plancha, de hacía dos días, que guardaba en el frigo. La melva, no tuve que comprarla, me la regaló un pescador artesanal de la zona.
Aun no comprendo, porqué el Sabio Borriquete, tiene su blog en privado. No se yo, que mosca le habrá picado. La moción de censura, seguro que no, porque es posterior. En fin, doctos y sabios da la pesca. Pero, una moción de censura es una moción de censura y cae hasta el apuntador con ella.









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