MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



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Entendido y estoy de acuerdo.

jueves, 20 de febrero de 2020

No todos los dias se pescan lubinas.




miércoles, 19 de febrero de 2020

Continua la caza de lubinas. Un pobre pulpo las acompañò




Un dia con mala suerte.









Aquel día el agua estaba en 14 grados. Llevaba el traje de 7 mm, dos chalecos de 3 mm en pecho, medio kilo de plomo en cada tobillo, y 7,5 kilos de plomos en el cinto, que para bajar a mas de 10 metros me quedaba en 6,5 kilos.
No tuve mucha suerte aquel día, pues nada mas empezar la jornada, maté un mero al que dejé fulminado, penetrándole el arpón por en mitad de los ojos y saliendo el tiro por la barriga detrás del ano. El tiro certero y penetrante, fue gracias a que afilé el arpón aquella mañana, hasta darle la punta a modo de alfiler. Pero, cuando me dispuse a medir al mero, cosa que no pude hacer antes de dispararle, aquel solo medía 41 cm. No daba la talla de 45 cm. Así que dejé al mero caer al fondo del mar, para pasto de otros peces.
Hice varias esperas a las lubinas que cada día eran mas ariscas. No se acercaban. Intuían el peligro del pescador submarino y huían. No obstante, conseguí capturar 7, de unos 600, o 700 gramos cada una.
Cuando pasé un cabo me encontré un fusil submarino con dos pulpos clavados en el arpón. Miré alrededor por si había algún pescador. Al rato, viendo que aquel fusil se le habría caído a alguien y lo había perdido, apliqué la ley del mar y me lo quedé, dejando caer al fondo del mar los dos pulpos que llevaba el arpón. Se veían recién cogidos, pero, ojos que no ven no pueden poner en riesgo el estómago. A saber las bacterias que habrían cogido allí en el fondo clavados al arpón.
Cuando ya me disponía a volver vi un buceador, sin guantes, sin fusil y sin boya. Le pregunté si había tenido suerte, me dijo que andaba buscando una linterna que había perdido aquella mañana. No sabía por donde la había perdido. No habían pasado ni dos minutos, cuando casualmente me encontré bajo una cueva la linterna perdida por aquel buceador. Le pregunté si el era del grupo que aquella mañana habían sido denunciados por la Guardia Civil del mar, por pesca ilegal y me respondió que no. No le creí. Seguramente andaba buscando no solo la linterna, sino también, todo lo perdido y dejado caer al fondo submarino, al ver a la Guardia Civil acercarse, para evitar el decomiso de todo el material.
Como no dijo nada de haber perdido el fusil, yo tampoco le dije que me había encontrado un fusil.
Aquel día que empezó con mala suerte, no puedo decir que terminase muy mal. Como dice el refrán, no hay mal que por bien no venga.

miércoles, 5 de febrero de 2020

La avaricia de la lubina.







El día de la lavadora nueva. En la tiñalpería del Merluzo, este no estaba solo






Aquel día me entretuve probando la nueva lavadora de carga superior.
Como si de una premonición se tratase, la carga de la pesquera podría haber sido superior, si hubiese podido pescar aquella lecha de casi 5 kilos. Pero todo no se iba a lograr.
El agua estaba en 14 grados. Traje sin tirantes del año anterior, dos chalecos de abrigo,  7,5 kilos de plomos en el cinto y medio kilo en cada tobillo. En total 8,5 kilos de lastre.
No sentía frio.
Toda la pesca se inició en la playa, buscando en el banco las lubinas de mayor tamaño. Pero estos animales se agrupan para huir de sus depredadores, haciendo el corrimiento de la nube. Nadaban veloces a mis costados, huyendo, mientras se alejaban de la punta del arpón. Logré capturar solo dos. Menos mal, pues pesaba menos de medio kilo. 600 gramos las dos.
Continué buscando con la linterna entre las cuevas, haciendo esperas antes de ascender. Así conseguir matar 4 lubinas que se aproximaban al kilo.
En una de las cuevas divisé un mero que parecía grande. Cargué el arpón en la segunda muesca y bajé por otro lado de la piedra. Allá al fondo, asomaba la punta del hocico el pobre animal. la metía y volvía a sacar, cada vez exponiendo menos superficie. Solo tuve que apuntar a la punta de aquel morro. El arpón despiadado clavó a aquel mero en el cerebro, pero los duros huesos, desviaron el tiro y le atravesó toda la testuz, sin tocar el hueso.
Andaba yo matando y sacando el arpón del mero, para colgarlo en la boya, cuando una enorme lecha merodeaba la boya, intentando comer algo de lo que colgaba. Tuve miedo, pues dudaba que fuese una lecha o una gran anjova. Me decanté porque era una lecha. Después de colgar el mero ya muerto, cogí el fusil e intenté hacer una bajada a media agua, para ver si la lecha se acercaba. No se acercó, tomó las de Villadiego y se marchó. Cuando salí, pesé el mero. Rondaba los tres kilos. Creí que era de mayor peso. Pero no estaba mal, para ser un día de estreno de la lavadora de carga superior. Eso si, la pesquera podría haber sido superior.Cuando llegaba a mi casa, le regalé las lubinas a un vecino. Congelé el mero, para regalarlo a otra persona mas allegada.
Tal vez creyera el merluzo que en la tiñalpería estaba el solo. No, la rotura de las jaulas de pescado, había hecho una llamada a todos los pescadores, también a los depredadores de aguas libres como la lecha. En la tiñalpería del merluzo, había muchos mas.