Desde siempre, el tiempo dedicado a la pesca submarina me ha parecido poco. Mas allá de un cabo, mas allá del minuto presente, siempre tengo la ilusión de encontrar algo imprevisto. Esas experiencias son las que me hacen conservar esta afición.
MI MUNDO SUBMARINO:
Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.
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sábado, 14 de marzo de 2020
viernes, 13 de marzo de 2020
jueves, 12 de marzo de 2020
La sepia del día de las víctimas del terrorismo
Después de dos días sin disparar un tiro, el día de las víctimas del terrorismo, supuso un cambio. Vi aquella sepia de un kilo y medio, acompañada de su pareja del mismo tamaño. Disparé a una de ellas, pero la otra escapó. Podían haber sido 3 kilos de sepia en dos sepias. Luego, dos pulpos de un kilo 700 gramos, pasaron a engrosar la pesquera. Al salir, uno de los pulpos lo regalé a una pareja de conocidos.
La primavera, este año no se había hecho notar aún en las aguas submarinas. Seguía la temperatura del agua en 15 grados. Traje de 7 mm, con dos chalecos. Medio kilo de lastre en cada tobillo y en el cinto 6,5 kilos.
No se veían parejas de sepias medianas, como otros años en estas fechas. Tal vez tuviese algo que ver, el hecho de que la semana Santa, este año no cayera en marzo, si no en abril. Esperemos que abril sea un buen mes de sepias.
Pero, era una pena ver los kilométricos trasmallos a apenas 100 metros de la costa, bordeando aquella en extensiones de mas de un kilómetro. Esas artes asesinas, no dejan pasar a las sepias a desovar en la costa, quedando enganchadas en las malditas redes. El ansia depredadora del ser humano no tiene límites. No se respeta nada
viernes, 6 de marzo de 2020
El camuflaje del pulpo con la aleta y los llamativos colores de la preprimavera
La corvina solo pesó un kilo. El pulpo, un kilo seiscientos gramos. No estaba nada mal, para la mala mar y el agua turbia.
El agua había bajado dos grados, desde los 17 de los últimos días. Las borrascas habían dejado el agua turbia. No se veía nada, salvo en una determinada zona de acantilados. Allí llegué, después de una hora de mover aletas. Tendría que volver en poco tiempo, pues el sol poco a poco estaba cayendo. Divisé aquella corvina en un lugar inusual. La vi grande desde la superficie, entraba a su cueva. Bajé con la linterna encendida, pensando que el animal habría desaparecido entre las oscuras grietas. Pero, cuando me aproximaba a la entrada de la cueva, desde arriba, la vi con su gran cabeza. Al sentir mis vibraciones, el animal inició el camino de su escondite, pero no le dí tiempo, lancé el arpón que le atravesó desde arriba del lomo hasta la barriga, dejando al animal sin oportunidad de escapar.
Divisé varios pulpos, de poco mas de un kilo, pero no les disparé. Al recogerme disparé a uno de esos pulpos próximos al kilo. Es difícil calcular el peso, cuando se trata de pulpos próximos al kilo. Este pesaba un poco mas.
Al llegar a casa me esperaba una tortilla paisana. La pesca fue a parar al congelador.
Llevaba el traje de 7 mm, del año anterior, con dos chalecos de 3 mm. En el cinto llevaba 7,5 kilos de plomo, que para bajar a mas de 10 metros, los dejaba en 6,5 kilos, colgando uno de los plomos en la boya. Al final de la jornada se metió la mar de fondo con olas de casi un metro. Tuve que salir alejándome del peligro de los acantilados, donde la mar rompía. Tuve mala suerte con el banco de lubinas, pues no acerté a ninguna, con el estrés de la mala mar y el sol que se ponía.
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