El agua había bajado un grado, respecto los días anteriores. Ahora estaba en 14 grados. Solo estuve 3 horas y poco buceando. El traje nuevo de 7 mm, dos chalecos en el cinto, 9,900 gramos de plomos distribuidos en 2,4 en el chaleco y 7,5 en el cinto, para bucear en unos 7 metros de profundidad. Para mas profundidad, 12 y 15 metros, solo 7,5 kilos de plomos, distribuidos 2,4 en el chaleco y 5 kilos en el cinto.
Aquel día el agua no estaba muy transparente, a pesar de que el viento de levante y del norte deberían haberla dejado limpia. No obstante, había en el agua una especie de humo que impedía ver el fondo a una profundidad de mas de 10 metros. Eso, me hizo buscar salmonetes, que en esta época del año, con el agua próxima a los 15 grados de temperatura, es ideal para que los mas grandes se acerquen a la orilla de la mar.
Los días anteriores me fastidié los tímpanos, por bajar sin compensar para no asustarlos. Porque el salmonete tiene unos oídos enormes. Esos oídos son mas grandes cuando mas grande es el salmonete.
Vi, los de uno de ellos, tan grandes, que parecían los oídos de una persona. Por otro lado, estos megasalmonetes, o salmonetor, tienen una fuerza enorme bajo el agua, incluso atravesados por la cabeza con el arpón, si aún están vivos. Algunos de ellos me arrastraron debajo del agua.
En la báscula, los salmonetes mas grandes superaban los 400 gramos. Eran bestiales.
Aquel día, con tanto lastre, terminé cansado. Pues no es lo mismo aletear para mover 6 kilos, o 5 kilos de lastre, que hacerlo con 10 kilos de plomo entre el cinto y el chaleco. Que lejos quedaban aquellos años de novato, en los que buceaba con 12 kilos de plomo y un solo fusil. Los años, hacen quitarse plomos y llevar un arsenal de fusiles. Un fusil por cada década dedicado a la pesca submarina. No obstante, pese a la apariencia de ir bien armado de fusiles, rara vez los utilizo todos. Pero, se ha dado el caso, algún día, que si, que los he necesitado todos y me ha faltado algún fusil mas. Por eso, hace ya varios años, tuve que utilizar también los del compañero para lograr matar un mero, que tuvimos que sacar al día siguiente. Por ello, jamás de los jamases, me dejaría un fusil de los 4 que llevo en casa. El que llevo habitualmente es de 90. Llevo otro de 90 de repuesto. También otro fusil de 75 cm. Y, por último un fusil de 115 cm. Este último es para las esperas, mientras que el de 75 es para pequeñas piezas, o cuevas estrechas. Por lo que resta, es lógico, si no quiere uno quedarse colgado, llevar otro fusil de 90 de repuesto, pues el que mas se utiliza y es fácil que, un día pueda fallar, cuando mas pesca haya. Por eso, yo respeto al que se mete sin fusiles, al que se mete con uno, incluso, al que se mete con dos. Pero, yo seguiré metiéndome con los de siempre. Uno, por cada década de practica de este deporte. Total, van colgados de la boya, en forma hidrodinámica.
Como aquel día tenía comida en el frigo, tendría que congelar los salmonetes. Opté por regalar los mas grandes a mi vecina. Que dijo que estaban riquísimos. Claro, estaban frescos y grandes. Yo disfruté de la pesca, regalé dos salmonetes que pesaban 800 gramos y me quedé con otros 800 gramos de salmonetes en el congelador. Que lejos quedaban aquellos días en que sacaba en una jornada mas de 3 kilos de salmonetes.



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