MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



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miércoles, 27 de febrero de 2019

El agujero de la rata y la roca del zorro. El sargo estaba enmedio.





















Habida cuenta de que,  la presión del Bien Emérito y merluzo megalodón, sobre la zona, era abusiva. Decidí aquel día, meterme a bucear en el Cabo de las Corrientes. Aquel Cabo, conocido porque, en él habitaba una rata enorme en su agujero. La rata solo comía basura. Debido a la cantidad de mierda que comía, la rata estaba gorda en abundancia. Su agujero, se hallaba en pleno asfalto, junto a la acera, muy próximo a la alcantarilla. Cada día, cuando la rata se levantaba muy de madrugada, veía desde su agujero, la silueta recortada,  allá en el horizonte, sobre una roca, del zorro del Cabo de las Corrientes. Aquel zorro, por su hábitat, se alimentaba de pequeños roedores del majestuoso monte que conformaba el Cabo. Pero el zorro, jamás pudo ver a la rata, ya que, aquella se encontraba a dos kilómetros de distancia, metida en su agujero.
Harto el zorro, de comer siempre lo mismo, un día, le llegaron noticias de una rata enorme, bien alimentada y engordada a base de basura y mierda.
La rata, no aspiraba a salir de su agujero, pues allí tenía la basura y mierda necesaria para satisfacer su vida de rata. Por otro lado, le daba un miedo terrible pensar que,  si abandonaba su agujero, aquel zorro que,  ella veía cada mañana de madrugada, colocado en su roca,  majestuosamente y de forma depredadora, podría  acabar con su pobre vida de  rata. Pero la rata, no pensaba que el zorro se hallaba a mas de dos kilómetros de distancia y que por mucho olfato que tuviese, o mucha vista, jamás podría oler, ni ver a la rata, ya que entre ambos había, como ya he repetido,  unos dos kilómetros de agua marina. En aquel agua marina, casualmente, aquel día, se hallaba aquel inocente sargo en época de celo, soltando esperma a diestro y siniestro.
Un día, la rata al levantarse, no divisó en la roca al zorro, como habitualmente ocurría. La rata pensó que el zorro ya no existía, y que,  aquel día sin zorro, era su día, para salir a conocer mundo, lejos de aquel fétido agujero, junto a la alcantarilla.. Fue, aquel mismo día,  cuando casualmente, al zorro le llegaron noticias de una rata enorme, bien alimentada y que podría llenar su despensa, durante una semana, si la cazaba.
 Los ratones del monte, hartos del zorro, le hicieron llegar aquella noticia. El zorro, creyó a pie juntillas la noticia de los ratones, sin percatarse que, estos eran sus enemigos. Así que, el zorro se zambulló en el agua y nadó y nadó, velozmente,  por las aguas marinas, como solo sabe hacerlo un zorro hambriento, hasta llegar al agujero de la rata gorda. La rata, a la misma vez, había salido a conocer mundo aquel día, viendo que el zorro no se veía. Cuando el zorro llegó al agujero de la rata, siguiendo las indicaciones de los ratones del monte, se encontró con el agujero vacío. La rata no estaba, o, estaba dentro del agujero y no se veía. Pero el zorro, que tiene por costumbre utilizar la astucia y la paciencia. Esperó a que la rata volviese a su agujero, o, si estaba dentro del mismo, saliese a buscar su comida. Pasó todo el día esperando, mientras la rata comemierda, se divertía aquel día, conociendo mundo, muy lejos de aquel agujero inmundo. Pero ocurrió que,  a la hora de la cena, con un hambre voraz, la rata decidió volver a su casa.
 Era ya de noche, cuando la rata divisó el culo del zorro, que agachado, tenía el culo en pompa y la cola enrollada, mientras hociqueaba y hacía guardia en el agujero de la rata. La enorme rata, no se lo pensó,  especialista en comer vísceras por el ano de los animales, con nocturnidad, saltó de un golpe con sus incisivos  y los clavó en el culo del zorro, mientras mordía las vísceras del ano, hasta sacarlas al exterior. Mordía y mordía la rata los intestinos del zorro, mientras aquel corría como alma que lleva el diablo, por el dolor que sentía. Corría el zorro por el monte del Cabo de las Corrientes, recortando su silueta a la luz de la luna,  para desembarazarse de aquello que le estaba comiendo los intestinos de mierda. Pero la rata había llegado ya, después de haberse comido los intestinos,  a sacar el corazón del zorro y se lo comió también, dándole muerte en el acto, en el preciso momento que, el zorro había llegado a su roca. Así que, la rata se quedó a vivir en la roca donde habitaba el zorro, comiéndose su cadáver en varias semanas y a los ratones del monte después.
Esta fábula viene a cuento, porque, los cantamañanas, los tiñalpas, los merluzos megalodones, y otros síndromes no diagnosticados, no saben que,  las cosas pueden tornarse desagradables, muy desagradables,  e imprevisibles, cuando abandonan sus hábitats. Esos hábitats que,  aunque, no tengan mas horizonte que la mierda y la basura, no obstante, son la base de su alimentación, y  nunca deberían abandonar, ni despreciar.
 Por otro lado, la prepotencia, la astucia y la paciencia, de un zorro, que cree,  que se las sabe todas y está por encima de los demás, a los que considera idiotas, e imbéciles, puede ser la causa de su muerte. Como sucedió a Aníbal, al general Leonidas en las Termopilas, en Troya a los troyanos, a Magallanes,  a Hitler, a Alejandro Magno, a Napoleón, a Felipe II con su Armada Invencible, a la coalición Franco Española, frente a la flota inglesa en Trafalgar, etc. Moraleja, un tiñalpa, un don nadie, una simple rata, podría acabar con todo un estratega, con el mejor de los navegantes y con toda la vida de la Tierra, en un plis plas.
Por supuesto, que, también cabe extraer de este cuento, una lección contra la cobardía, la tacañería, la ratería y la vida miserable del comemierdas. En la vida no hay que tener miedo a lo que aparentemente se ve, puede no ser como nosotros lo vemos, puede que el poderoso se aproveche del miedo de los ignorantes. Pero, el verdadero enemigo del rata, del miserable, del tacaño, del que no sale de su inmundo agujero, no son los demás, él mismo y su corta mente,  constituyen su propio y mayor enemigo. Aquel que se deja llevar, por como piensen los demás de él y no vive libremente la vida, solo es un esclavo de su mente enfermiza, que solo ve males, prejuicios y vergüenzas, donde no las hay. Mientras tanto, no le da vergüenza comer mierda y vivir como un miserable, encerrado en un agujero.
En esta historia, apareció un sargo entre el agujero de la rata y la roca del zorro. Estaba en celo y el esperma se le salía por el ano. Cuando un certero disparo acabó con su vida. Ya muerto, posado sobre  la aleta, el sargo de un kilo,  soltaba su esperma blanco, en un instinto animal post-morten, en un anhelo, ya frustrado,  de perpetuar su especie. Era una pena, pero ese instinto animal, había llegado demasiado tarde.  El Cabo de las Corrientes, entre el agujero de la rata comemierda y la roca del zorro, no fue,  aquel día, favorable al sargo, suculenta comida del Sabio Borriquete. No la mierda, sino el sargo, por supuesto.

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