MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



Política de cookies

Este sitio emplea cookies para prestar sus servicios, para personalizar anuncios y para analizar el tráfico. Google recibe información sobre tu uso de este sitio web. Si utilizas este sitio web, se sobreentiende que autorizas el uso de cookies.

Entendido y estoy de acuerdo.

martes, 12 de febrero de 2019

Enseñar la muerte



Pudiera parecer contradictorio, pero, a todos nos enseñan a vivir, pero no a morir. ¿Cómo vamos a enseñar a morir a los demás, si nosotros tampoco sabemos?. Estas peregrinas ideas, se pueden acumular en la cabeza, mientras la gélida agua del mar se nos mete hasta el tétano. Asimismo, si para morir, hay primero que quedarse frio, a ver quien tiene narices de aprender. O, es por el contrario, cuando después de morir se queda uno fiambre?, es decir frio?.  Sea como fuere, lo que hay que hacer es no pasar frio, ni sufrimientos, mientras uno pueda y este vivo.  Lo contrario, bañarse en invierno en agua helada, madrugar con el frio innecesariamente y hacer sufrir al cuerpo, con tormentos por el estilo, no conlleva a nada bueno, nada más que, a pasarlo mal innecesariamente. Los males, ya vendrán solos.
Con estas filosofías del buen vivir, no madrugué aquel día, entrando al agua a bucear a las 16 horas.  Solo estuve 3 horas buceando. Salí ya con el sol puesto. El cuerpo lo tenía caliente, a pesar de que el traje ya había encogido su grosor inicial. Hacía dos días, con el mismo traje salí congelado. Todo depende del viento y de la temperatura exterior, pues, en la pesca submarina, se está mas tiempo en superficie en contacto con el aire, que sumergido.
El agua, continuaba en 15 grados, mismo equipamiento de jornadas anteriores. Nadé velozmente, sin ver ningún animal, avanzando unos 2 kms. hasta alcanzar aquel cabo. Vi, después de bajar, un pulpo bien escondido en su cueva. Parecía grande, le apunté al ojo y apreté el gatillo. Luego, cogí un segundo fusil mas corto y disparé otro arponazo en dirección a donde había clavado el primero. El animal se metió mas en su gran cueva.  Tuve que coger el gancho sarraceno, e intentar aplicar el teorema de Pitágoras, tirar de arpones y gancho, con fuerza a la vez. Pero después de tres intentos de tirar, el pulpo tenía mas fuerza que yo. Al final pude extraerlo. Cuando salió, el animal llevaba una piedra como mi puño aprisionada en su boca y tentáculos. Le di varios tajos con el cuchillo, pero el pulpo no moría, ni murió. Me di cuenta que el primer arpón había perdido su muerte, o aletilla. Cuando colgué al pulpo en la boya, me di cuenta que me enseñaba algo plateado. En su cuerpo había quedado incrustada la muerte del arpón, a pesar de que el pulpo continuaba completamente vivo.
Me sentí entonces un bellaco, por cazar este tipo de animales, mas inteligentes que los humanos, mas valientes, mas nobles y sobre todo mas fuertes. Que crimen mas grande matar un animal así, indefenso. Porque sus únicas armas son las anteriormente descritas. El pobre pulpo se halla completamente desnudo. Es su fortaleza e inteligencia lo que puede salvarle la vida. Los humanos, no le llegamos al pulpo, ni a la suela de un dedal.
Seguí buceando y avanzando, sin parar de mover las aletas, buscando al pulpo de 7 kilos, u otra pieza decente. En otra de las bajadas, oculto en su cueva, vi otro pulpo, parecía de mayor tamaño que el anterior. Pero estaba muy escondido. Le disparé un arpón, luego metí el gancho sarraceno y con bastante dificultad, conseguí extraerlo. Me había engañado, aunque los dedales eran gordos, el pulpo, era mas pequeño que el anterior. Pesaría solo kilo y medio, como así fue.
La mar estaba muy fuerte, una fuerte resaca de sursuroeste se metía por el cabo y me impedía avanzar. Pensaba seguir mas adelante. Pero en aquel momento, vi algo que me hizo retroceder y comenzar la retirada. Se trataba de la hora y de un santo y señal que me indicó que retrocediese. Eran las 18 horas y el sol se pondría en media hora. Tenia que volver con la corriente a favor a toda velocidad. No podía dudarlo. Pero en caso de duda, aquel santo me indicaba con su dedo el camino. Era curioso, pues el Santo, siempre indicaba la dirección  opuesta. Pero aquel día, el Santo estaba vuelto de espaldas al mar y con su indicie indicaba la tierra. Hice caso al Santo y volví dándole caña a las aletas sin tregua. Al poco me encontré la señal. Se trataba de un bonito sillón de mimbre que yacía en el fondo submarino, bastante alejado del acantilado. El sillón estaba apoyado de espaldas sobre su respaldo. Otra señal que me indicaba que debía volverme hacía mi espalda y retroceder.
A veces, sale uno con autentico miedo a bucear, solo ante el peligro y contra viento y marea. Pero ya lo tenía decidido. El próximo día, me compraría un traje de camuflaje nuevo. No pensaba pasar frio, ni calamidades en vida. El frio para los muertos, las calamidades y penas, solo las pasan los pobres desgraciados, sin que ellos tengan parte, ni arte. No obstante, algunos, son adictos a las penas y calamidades, voluntariamente, pasan frio, madrugan, viven miserablemente, porque no saben vivir. Tal vez, se crean que, de esa forma, aprenden a morir. Pero, en eso se equivocan. Hay que aprender del pulpo, que me enseñó la muerte, pero se negó a morir. Al final murió congelado.

No hay comentarios: