MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



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viernes, 22 de febrero de 2019

La chapería, la chicletería, la sepiería y la pulpería.



 
A pesar del anticiclón de 1,300 hectopascales, una fuerte corriente me dificultaba con creces avanzar hacia levante. La cantidad de plomo de lastre tuve que reducirla hasta unos 7 kilos, pues el exceso,  luchando contra corriente, me fatigaba a tope. Cuando oí decir a un sabio de la zona, afirmando incluso, que había muchas chapas y eso que él no iba buscándolas, no pude por menos que pensar todo lo contrario. En la chapería, no había chapas. Si, con mucho buscar podía encontrarse en 3 kilómetros de recorrido una sepia. Sepia que no chapa. Las chapas son para los chapistas, tampoco para los chaperos. Prostituir el vocabulario habitual, por formas poco ortodoxas, solo trae cosas por el estilo, a poder considerar chapero al que se prostituye, chapero al que almacena chapas. Si almacena chapas y las vende, según el termino prostituir la chapa, podría considerarse relacionado con el chapero, con  el chaperismo, o, tal vez, con el Chapo de Chiapas. Sea como fuere, parece que se puede ir de sobrado, llamándole a algo, no su nombre adecuado, sino una tergiversación total, en las antípodas de la definición gramatical y del vocabulario de la R.A.E.L. Si el académico cartagenero, se enterase de la prostitución del lenguaje español por otro, como el chaperismo, fácilmente podría calificar al blasfemador del diccionario, como un auténtico "tiñalpa", palabra que aunque no venga en el diccionario, según Pérez Reverte, es una antigua palabra cartagenera, ya en desuso, que significa, pobre hombre.
Dejando la tiñalpería para los merluzos, o bien, dejando la merlucería para los tiñalpas, lo que si era seguro, es que chapas, solo encontré una con forma de pez posado en el fondo. De lejos, la vi. Parecía un extraño pez del Cantabrico, familia de los tiburones, que tiene la piel con pintas y rasposa, pudiendo medir mas de un metro. Con los reflejos que me acompañan cuando diviso una buena pieza, me preparé el fusil, dispuesto a disparar a aquella estupenda pieza. Me fui acercando con sigilo al pez. Este permanecía mirando a la pared de posidonias, posado tranquilamente en la arena. Apunté, iba a apretar el gatillo y como un flash, me vino al cerebro la verdadera realidad en 3D, de lo que yo veía como un pez. Era una chapa de fibra de vidrio, tal vez, restos de alguna patera embarrancada en la playa, que con los temporales de poniente, había quedado silueteada con la figura de un pequeño tiburón. Fue la única chapa que vi. También vi, solamente una sepia.
En cuanto a pulpos, vi cuatro que saltaban el kilo de peso y a los que no quise disparar. Ya de recogida, pensé en inmortalizar aquellos pequeños pulpos con mi cámara. Fui a la boya a coger la cámara submarina y me di cuenta que no estaba. La habría perdido. Tal vez no la hubiese echado y la hubiese dejado en el coche. Sea como fuere, cuando divisé al cuarto pulpo, ya no lo dudé, lo inmortalicé de un disparo entre los ojos. Tal vez el animal no tuviese la culpa de haber perdido yo mi cámara submarina, pero pagó la inmortalidad, con la del teléfono móvil. Solo pesaba un kilo y cuarto. Cuando salí, descubrí que la cámara submarina la había dejado olvidada en el coche, pero aquel pobre pulpo de la pulpería, había pagado como un criminal, sin haber tenido culpa de nada. Solo era un pobre pulpo, un tiñalpa. Pero el crimen estaba hecho, el pobre animal ya no podía volver a la vida.
En esto de la pesca, o tiene uno la cabeza fría, los pensamientos inmutables y afina la puntería, o comete una carnicería en la merlucería del tiñalpa, o confunde una chapa con una Pintarroja.

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