Aquel día, segundo de la vuelta a las pesquerías, el agua estaba en 15 grados en la Sarracenía. Allí me encontraba, en la merlucería del tiñalpa. Después de haber elegido aquel lugar, contra la otra opción de, la tiñalpería del merluzo. Daba igual, no iba a dispararle a piezas chicas. Buscaba un gran pulpo de 7 kilos. Nada de pequeñajos.
Al comienzo de la travesía, el verde claro de la posidonia, daba una sensación de tranquilidad absoluta. De vez en vez, alguno grieta a 7 metros u 8, de profundidad. Había en aquel lugar, grietas preñadas de meros de un kilo para abajo, también de corvinas, maragotas y sargos. No vi ningún salmoneitor. El traje de 7 mm, con dos años de antigüedad, se había quedado comprimido y en la cabeza sentía el gélido frio del lugar. En la tiñalpería del merluzo, seguro que haría menos frio que en aquella merlucería del tiñalpa. Pero ya estaban las cartas echadas.
Al final de la jornada descubrí un pulpo. Le puse, como siempre hago el plomo a una distancia de su cueva, de unos dos palmos o tres, para medir sus tentáculos. El animal sacó uno de aquellos brazos hasta alcanzar el plomo. Deduje que al estar extendido se veía estrecho. Luego bajé y vi que donde nacen los brazos estaban gruesos los tentáculos. Pero la cabeza la tenía de tiñalpa. Era una cabeza estrecha y pequeña, a pesar del tamaño y longitud de sus brazos. Deduje que era una tiñalpería matar a aquel noble animal y le perdoné la vida.
En una de las bajadas que hice, descubrí un pobre mero que tenía una herida de arpón cicatrizada en la cabeza, encima de los ojos, entre ojo y ojo. El animal pesaría menos de un kilo. Quien pudo ser el merluzo que le disparó a aquel pobre animal?. Estaba claro que sería un tiñalpa. Un pobre individuo que necesitaba matar lo que fuere para hacerlo billetes. Un harapiento de la pesca submarina, un furtivo en toda regla, no un pescador submarino. Pero el mero supo vencer a aquel tiñalpa y por lo que vi de su herida, tendría vida para rato.
El próximo día buscaré en la tienda un traje nuevo, con la vejez y la poca pesca se quitan las ganas de meterse, si no va uno bien abrigado. Salí del agua, con bastante frio, después de estar 3 horas buceando. También ví una grieta preñada de corvinas. Las dejé, eran la semilla de la vida en aquellas profundidades de la merlucería del tiñalpa. Llevaba 6 kilos de lastre en el cinto. Dos chalecos ya gastados de 3 mm. y el traje de dos años de 7 mm. La capucha había sido comprimida y el frio gélido se sentía hasta en las meninges.









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