Aquel día, tuve mala suerte con la puntería. Fallé varios merluzos salmoneitor. Eran unos salmonetes bestiales, solo aptos para estómagos pijos. Algunos superarían los 500 gramos. Pero, por su tamaño, su oído era proporcional. Y no me dejaban acercarme. Salían escamados, a toda velocidad. Y, si alguna vez, me dejaban acercarme, justo al apuntar se largaban velozmente, errando el tiro en el disparo.
No tenía nada que comer aquel día. Llegué justo, hasta el agujero de la Rata Colorá. Una rata, nada sabia, sino mas tonta que un pijo, que, de tanto zambullirse en las alcantarillas, ha adquirido un color de pura mierda. Ya iba a darme la vuelta sin ver nada, ni chapas, ni grandes lubinas, ni salmonetes normales, nada para comer aquel día. Una pena de finde. Cuando de repente, se me apareció la chapa mas grande que imaginar pudiera. Aquello, no era una chapa cualquiera, sino un recipiente para guardar el pescado fresco dentro. Así que, dos salmoneitor que logré, por fin capturar después de la chapa, se me ocurrió meterlos dentro de la bolsa chapera.
Salí solo con la chapa y los dos megasalmonetes dentro de su cuerpo. Ese fue un grave error, que pagué caro, pues, para poder sacar los salmonetes, tuve que trocear la chapa. Solo logré extraer un gran salmonete del interior de la chapa. El otro salmonete, o se lo había comido la chapa, cosa improbable, o, se había dado las de Villadiego. Esto último, me hizo ver el gran error, de utilizar una chapa, como si fuese un zurrón. Otro error, fue limpiar la chapa enorme dentro de casa. Saqué un barreño lleno de tinta, aquellos tenía dentro mas litros de tinta que en una tintorería. Puse la casa perdida de tinta. Esta se multiplicaba por 10, al intentar lavarla con una bayeta y agua. Que chapa mas rebelde, no se conformó con tragarse y hacer desaparecer un salmonete de 400 gramos, o más, sino que, después de muerta me pintó la casa de tinta negra. Ya casi, hubiese preferido que, la chapa la hubiese cogido el merluzo megalodón, después de tanto follón que me dio.
Al final, ya que la chapa estaba troceada, cogí la cuarta parte la metí en la asadora y dándole media hora de cada lado y un poco de salsa verde, pude degustar la mejor, mas fresca y grande de las chapas de la zona. Podría decirse que se trataba de la chapa que se tragó a Jonás el Salmoneitor. Yo creo que, cerca del agujero de la Rata Colorá, se me apareció la Virgen con la chapa al hombro, porque aquello, no tenía otra explicación.



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