MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



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viernes, 22 de marzo de 2019

La diferencia, entre ser honrado y legal, o ser, un tiñalpa, un merluzo, un sogas, o un agonìas, en la pesca submarina recreativa. El tornado submarino y el gato









 























 
 
 
Antes de relatar la jornada, me voy a permitir buscar unos conceptos en el diccionario, que, tal vez, desarrolle en esta entrada.

Sogas: Hombre socarrón, por la paciencia que tiene en sufrir, a cambio de hacer su negocio.

 con la soga a la garganta, o al cuello: En apretura o apuro.

  contra la soga: contra las cuerdas

echarse la soga al cuello: Actuar en perjuicio propio.

atar a soga: Atar a un animal con una soga larga, sujeta a una estaca clavada en el suelo, para que pueda pastar sin escaparse.

 Agonías: Persona que tiene por costumbre quejarse mucho y por todo. Persona apocada y pesimista."piensa por una vez en un resultado feliz, que eres un agonías"

 



 
Honrado: Que actúa con honradez y procede con justicia en sus obligaciones.

Hombre legal: que es recto en el desempeño de sus funciones: un juez legal,  que es digno de confianza:un amigo legal, que actúa regido por la ley o es acorde con ella.
 
Aquella madrugada, entre el jueves y el viernes, un depredador empedernido se dispuso a realizar su labor antes de amanecer, para dejar el fondo submarino empobrecido a quienes solo podía bucear el fin de semana, por que eran unos currantes y no disponían de permiso. No le importaba un carajo a aquel depredador diario, pues,  para él, aquello que hacía era  honrado.
Aquel mismo día, un pescador submarino recreativo, se metió a bucear, donde antes lo había hecho el depredador empedernido. No le importó un carajo que un depredador se hubiese metido antes, pues lo que tenía que pescar y el deporte que iba a hacer, ningún merluzo se lo podría arrebatar. También pensaba meterse el fin de semana, pues el deporte recreativo de la pesca submarina, no prohíbe hacerlo el fin de semana, sea uno currante, o, simplemente, un jubilado. Por lo que, para él, aquello que hacía era honrado.
En cuanto a ser legales, eso, cada cual sabe lo que hace. El segundo buceador, era legal, según la definición antes expuesta: cumplía las normas legales y reglamentarias en cuanto a la pesca submarina. De los depredadores empedernidos, no quería saber nada. Allá ellos, sus motivaciones y sus engañosos argumentos, que les motivan a depredar diariamente, aunque respeten los fines de semana. Tal vez lo hagan, al ver tanto pescador submarino suelto y no, por falsas acciones de solidaridad hacía quienes curran toda la semana y solo pueden bucear el finde.
Sea como fuere, aquel día el agua estaba transparente. Una pequeña corriente de levante limpiaba el fondo marino. Había una visibilidad, tal vez de 20 metros. Se distinguía perfectamente el relieve don fondo submarino.
El agua estaba en 15 grados. El traje nuevo de 7 mm, sin peto, con dos chalecos finos, y seis kilos de plomos en el cinto, mas medio kilo en cada tobillo, completaban los 7 kilos de lastre. El plomo en los tobillos, con el traje de 7 mm, beneficiaba el aleteo, pues hundir la pata del pantalón de 7 mm y del escarpín, costaba mas trabajo hacerlo sin lastre en los tobillos, que con el. 
La jornada de pesca duró 4 horas. No pasé nada de frio, a pesar de la baja temperatura del agua. El sol calentaba la superficie, a pesar del viento. 
Nada mas meterme al agua, divisé un pulpo bajo unas piedras, que pasaría el kilo de peso, pero no quise dispararle, porque tengo el congelador lleno y no soy un depredador, que mata por matar, o, para ganar dinero. Para esa labor ya habrá otros, quizás, tal vez, como aquel depredador que, se metió primero.
Estuve nadando, y bajando varias veces a mirar el fondo bajo las rocas. No había vida. Algunas salpas y muchos chirretes se veían, formando bancos de peces. También muchas castañuelas pequeñas, lo que indicaba que la temperatura del agua había llegado a su equinoccio. A partir de ahora, solo podría calentarse, nunca enfriarse. Así continuaría haciéndolo hasta que terminase el verano.
Cuando había nadado 2,5 kilómetros, poco antes de volver, vi a mi derecha, separado unos 20 metros del acantilado, un torbellino de agua que se hundía hacía el fondo. Parecía un tornado submarino. Un escalofrío me recorrió el cuerpo, pues pensaba que aquel pequeño ciclón submarino me iba a engullir. Inmediatamente, pensé que algún gran depredador se había acercado hacía donde yo me encontraba, e inmediatamente había virado sobre si mismo y se había marchado, dejando aquel torbellino submarino de espuma que aspiraba todo a su paso. Pensando en esto segundo, el escalofrío que sentí, se agudizó y ya, solo pensaba en salir de allí a toda velocidad, dando marcha atrás. Pero, en la mar, hay que conservar la calma y actuar con la cabeza, antes que con las aletas. Es la primera la que da las ordenes a las segundas.
Así que, viendo que aquel tornado, o tromba submarina, podía deberse a la corriente, al viento, al oleaje, o a cualquier otra cosa explicable, pues me encontraba en el comienzo de una bahía junto a un cabo, es por lo que, me serené y pensé en cazar allí algo, antes de volverme por donde había venido.
Desde la superficie divisé bancos de chirretes, agarrados a una gran roca sumergida, seguramente estaban escondidos por temor a depredadores. Pero solo vi pequeños dentones. Luego divisé unos merluzos grandes, también desde la superficie. Aquello eran megasalmonetes. Tenía que cazar alguno para comer, pues me negaba a comer dos días seguidos alcachofas con jamón. Bajé hasta un fondo de 12 metros, el salmonete estaba con otros. Se movió cuando sintió mis vibraciones. Solo pude apuntar y disparar siguiendo la trayectoria del veloz salmoneitor. Al apretar el gatillo, pensé que sería un tiro errado. Pero no. El veloz arpón penetró en la cabeza del salmonete y lo ensartó bien. Solo tuve que cogerlo y ascender a la superficie.
En una segunda bajada ocurrió lo mismo. Ya tenía dos megasalmoneitor, para comer, de casi medio kilo cada uno.
Cuando ya casi, estaba llegando para salir a la playa, vi otro pulpo de aproximadamente un kilo, al que le hice unas fotos, y jugué con él un rato. El animalico, me lo agradeció , que yo no fuera un vulgar depredador, así que no tuve mas remedio que seguir, dejándole allí.
Cuando ya estaba saliendo, el pescador artesanal y "profesional", de la zona, estaba recogiendo su barco, después de haber recogido sus redes, para dejarlas en tierra todo el fin de semana, como hacen los profesionales, en beneficio de la pesca recreativa. Justo, en ese momento, muy cerca de aquellos barcos amarrados, divisé algo parecido a una sepia. que me miraba. Me fui acercando lentamente, sin sacar las aletas de la superficie para no hacer torbellinos de burbujas, lo cual me era fácil, llevando plomos en los tobillos. Cuando estaba cerca, vi que aquello no era una sepia, sino, una lubina grande, que iniciaba la huida. Como estaba apuntándole a la cabeza, apreté el gatillo sin dejar de apuntar y la clavé en el lomo. Pesó un kilo. Uno de los salmonetes, pesó 400 gramos, aproximadamente. Porque el otro megasalmonete, aquel depredador gordo y negro, me lo arrebató en un segundo, mientras salía corriendo perdiéndose en la noche de luna llena.
Aquello, para mi, lo de aquel depredador, no era honrado, ni legal. Aquel depredador, era un tiñalpa, un merluzo megalodón, un imbécil, un don nadie, un sogas, un agonías, un muerto de hambre. Por eso, tal vez, sin escrúpulos, me robó aquel megasalmoneitor. Indeseables, haberlos hailos. Pero, el pobre animal abandonado, tenía, tal vez mucha hambre, como de medio kilo de hambre estamos hablando. Una legitima razón, para hacer el merluzo depredador megalodón. En resumen, solo era un tiñalpa. Un muerto de hambre.
Por mi parte, aquella noche disfruté de un delicioso manjar de Dioses, que constituyó mi comida aquel día, pues el megasalmoneitor tenía hueva y un hígado, enormes. Asado a la plancha, con limón y aceite, mas un tomate partido con aceitunas, cebolla, orégano, vinagre y aceite, un vaso de vino de tetabrik y una lata de cerveza de supermercado, me llenaron el estómago, con un manjar fresco, porque no soy, no he sido, ni quiero ser jamás, un tiñalpa, un muerto de hambre.
 
 
 
 

 
 
 
 
 
 


 




 

 

 

 


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