MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



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Entendido y estoy de acuerdo.

sábado, 10 de julio de 2010

EL SEGUNDO MERO DE 2010, SE HALLABA EN EL BAJO DE SANTA BRÍGIDA





Soplaba viento de norte levante de fuerza 3 a 4. Elegí aquel bajo, porque esperaba encontrar alguna lecha de dos kilos. Pero no vi ninguna. El agua estaba a 24 grados. Llevaba dos kilos de plomos en el cinto y el traje de 5 mm sin peto. No tuve ni frío ni calor. Estuve primero cogiendo salmonetes. Luego unas corvinas, y por último vi el mero de tres kilos. Se encontraba a una profundiad de 15 metros. Le disparé después de bajar tres veces hasta tenerlo a tiro. Le dí en la cabeza, pero no lo maté. Rápidamente se escondió bajo una grieta, mientras levantaba una nube de polvo del fondo marino. Era un polvo formado por rocas cubiertas de animales marinos petrificados. Coloqué las boyas sacameros, después de desliar el carrete y dejarlo, junto con el fusil a un metro de la superficie. Un barco de vela lleno de tripulación pasó irresponsablemente por casi encima de las boyas sumergidas. Casi me pasa por encima, a pesar de estar señalizada mi posición con una boya torpedo Cressi, con una gran bandera alfa que se veía desde muy lejos. Lógicamente les eché una bronca. Mientras los inútiles e irresponsables de la tripulación me decían que las boyas nos las veían pues estaban sumergidas. Menudos imbéciles. Les dije que eran unos sinvergüenzas y unos ineptos, a voz en grito, incrementada por el eco de las montañas que rodeaban el bajo sumergido. Les pregunté que si tan inútiles e ineptos y sinvergüenzas eran como para no ver la boya que estaba pegada a mi, con una gran bandera. Pero aquella embarcación homicida e imprudente se alejó impunemente. Otro día que cometan una imprudencia igual matarán a cualquier pescador submarino. En la cárcel debían ir a parar antes de que cometan un homicidio en el mar, por ser unos ineptos y por no respetar la distancia de seguridad a una boya de submarinismo bien señalizada.
Luego busqué, cuando la nube de polvo desapareció, un lugar por donde poder rematar el mero. Al fin lo encontré. Un certero disparo entre los ojos le dejó muerto. Luego solté el naylon del primer fusil disparado. y coloqué las boyas en el fusil con el que había rematado el mero. Inmediatamente aquel salió de su guarida, a pesar de estar muerto, por la fuerza ascendente de las boyas sacameros. El arpón que había desenganchado del fusil se vino con el mero a la superficie. Una vez arriba lo clavé por las agallas en el aro porta peces, y le dí una puñalada en donde había clavado el segundo arpón. El mero estaba ya muerto. Había tardado una hora en sacarlo, desde las cuatro de la tarde hasta las cinco.
Saqué algún salmonete mas y dos pulpos. Y por fin, a las nueve de la noche salí del agua. Desde las tres de la tarde en que me sumergí, había estado solo 6 horas dedicado en cuerpo y alma a la pesca submarina. La playa, a pesar de la hora tardía, estaba llena de bañistas. Había hecho un buen día de sol y de mucho calor. Compré una bolsa de cubitos y la coloqué en la nevera encima del pescado, para que llegase en óptimas condiciones hasta casa.

domingo, 4 de julio de 2010

EL PRIMER SÁBADO DE JULIO DE 2010



Soplaba viento de levante. Busqué un abrigo en donde meterme. La hora de la comida era la propicia para encontrar sitio y poder dejar el coche, aprovechando que los primeros bañistas se irían a su casa a comer. El agua estaba a 23 grados. El cielo estaba encapotado y cayeron algunas gotas de agua. Pero no me importaba, yo estaba ya en el agua. Estuve siete horas. Entré a las 14 horas y salí a las 21. Cuando el sol se estaba escondiendo. Llevaba mi traje de 5 mm, comprado el otoño pasado, sin peto. Pensaba por las tablas del Winguru que la temperatura del agua estaría en 23 grados y por ello, para ir con menos lastre, no quiso ponerme el chaleco independiente del traje, pues pensaba que no tendría ya frio, como así fue, pues el agua estaba cálida, aunque no muy transparente. Ya se notaba que había llegado el verano. Ni siquiera noté la termoclina. Debería estar aquella a mas de 16 metros de profundidad, pues estuve bajando casi a 17 metros y no noté cambio brusco de temperatura en el agua. En el cinto solo me puse tres kilos. Pero aún me sobraba un kilo, pues notaba que en cuando estaba llegando al fondo, no me podía frenar muy bien. Bajé unas cien veces, a una profundidad mínima de 13 metros. Terminé cansado. Y la pesca no fue nada nuevo, otros dos kilos y poco de salmonetes, dos corvinas grandes, un serrano con rayas blanquecino que capturé por equivocación. Vi dos meros de un kilo aproximadamente, que por su pequeño tamaño no cogí.Y al final un gran magre de casi 700 gramos.
A pesar de no ir muy lastrado, y de que la temperatura del agua era buena, había una gran corriente que aún cuando estaba a cubierto, me cansaba mas de la cuenta. En resumen, no buceé como otros días, tranquilo, relajado y descansado. Aún cuando tampoco estuve estresado.

domingo, 13 de junio de 2010

SAN ANTONIO DE PADUA TRAJO UNA SALMONETADA. TRES KILOS DE SALMONETES




DETALLES DE UN DÍA DE PESCA SUBMARINA:
La temperatura del agua se encontraba entre 19 y 20 grados. El traje de buceo, era de dos piezas de 5 mm, con chaleco independiente de tres mm. En el cinto de plomos llevaba 4 kilos repartidos en cuatro pastillas de un kilo cada una.
Vi un dentón que se me puso casi debajo, pero poco a poco se alejó. Después me entretuve disparando cientos de tiros a los salmonetes. Los fallos fueron del orden de uno de cada tres disparos.
Entré al agua a las 13,45 horas, y salí a las veinte quince de la tarde.
No tuve nada de frío, pues no paré de moverme.
Y a pesar de que las previsiones meteorológicas marítimas anunciaban viento de fuerza 3 del sureste, pude darme cuenta en el último momento antes de salir de pesca, que el mapa de isobaras daba un débil gradiante de presión en el sureste. No había que temer, por tanto, que la mar se levantase. Y no se levantó.