MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



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Entendido y estoy de acuerdo.

jueves, 25 de junio de 2026

La frustracion de fallar cuarenta disparos seguidos. El impar espeton del dia de las sevillanas.









miércoles, 24 de junio de 2026

El gato de San Juan, casi me roba la pesca

 













El dia de San Juan, el agua estaba en 25 grados. Llevaba el traje de 5 mm muy gastado y viejo, 4,5 kilos de plomos en el cinto, dos chalecos gastados de 3 mm, las aletas de carbono, que llevan conmigo, dándoles caña,  durante 21 años, porque queria comparar estas aletas viejas con las nuevas. En la comparacion, ganaban las nuevas, porque eran como zapatillas, en cambio estas viejas eran como zancos, como una tabla,  rígidas y muy duras. Permanecí en el agua, moviendo las duras aletas, otras 5 horas. Pero solo recorrí la mitad del trayecto de los dias anteriores, es decir,  un kilómetro de ida y otro de vuelta,  menos, porque me entretuve con las flechas de los espetones. Eran tan difíciles de clavar como atrapar una flecha a toda velocidad de un disparo. Aun así, logre capturar dos espetones. Al final del trayecto,  baje a aquella roca donde una vez,  hace años, aquel dia de las victimas del terrorismo,  capturé un mero de 6 kilos. Esta vez, no habia mero, pero el arpón salio certero, clavando una corvina de medio kilo. 

Mientras me cambiaba y me quitaba el traje de neopreno, oí un golpe en las aletas..Era el gato del dia anterior, que habia intentado llevarse un espeton, pero no pudo, pues dejé los pescados en el aro portapeces encima de las aletas y entre las boyas. El pobre gato se llevó un doble susto, primero al oir el golpe del aro contra las aletas y el segundo, cuando le lancé la toalla, como si fuera un rayo. No lo intentaría mas, pensé. Pero en un segundo, que el gato me vió distraído,  hablando con gente, se aproximó otra vez a completar su tarea de robarme la pesca. Si la gente que habia en ese momento cerca, no me hubieran avisado, el astuto gato de San Juan me hubiera dejado sin pesca y sin aro portapeces. Se lo habría llevado todo. Pero  hoy,  fué otro dia frustrado para el gato de San Juan. 
Al llegar a casa, tan tarde, eran las 23 horas, no tenia ganas de cocinar y necesitaba comer rápidamente, pues desde el desayuno, no habia tomado nada, solo una cerveza y aceitunas al salir del agua, por lo que metí el pescado fresco al congelador y me comí una lata de sardinas y una ensalada fresca con queso. Era la paradoja del pescador, mientras otros darian oro por comer pescado fresco, el pescador se abre una lata de sardinas y congela el pescado, para regalarlo. Hay quien de mas?

martes, 23 de junio de 2026

El gato en la noche de San Juan y los espetones












 













Aquel dia 23 de junio de 2026, el agua estaba en la misma temperatura que el dia anterior, 24,5 grados. El viento del nordeste del dia anterior habia perdido sus rachas, aunque continuaba con fuerza 5 de la escala de Beafour.

Me dirigí, como siempre a cazar los escurridizos, veloces, finos y depredadores espetones. Esta vez tuve suerte, los dos primeros disparos dieron en el blanco. Dos sendos espetones de 300 gramos fueron colgados del aro porta peces. Pensé que la jornada pintaba bien, pero me equivoqué, porque no disparé mas tiros, salvo los que dediqué despues a intentar llenar el aro de espetones y todos fueron fallidos..Los espetones aquellos sabian latin y se mantienen lejos del alcance del fusil.

Bajé a una cueva a 11 metros de profundidad, varias veces, para divagar y decidir, si aquel otro nuevo mero, pesaría los dos kilos y los reglamentarios 45 cm de longitud,  antes de disparale. Segun le miraba, unas veces me daba la sensacion de que superaba la talla minima, otras veces no, por lo que deduje que, en aquella cueva habia dos meros, uno mas grande y otro mas chico. Sea como fuere,decidí dejar al mero tranquilo, porque si eran dos, serian pareja y procrearían mas meros, si les perdonaba la vida y me olvidaba de ellos.

No vi nada digno de apuntarle con el fusil y dispararle. Nadé unos 2,5 kms. de ida y otros tantos de vuelta. En total, igual que ayer, cinco horas dando caña a las nuevas aletas. Con el.mismo traje y equipo de ayer. 

Cuando salí aquel gato negro acechaba, para robarme mis espetones. Pero no le dejé..Mi estómago y mi hambre eran prioridad nacional antes que aquel gato bien alimentado en el.pueblo de La Almadraba. Estaba el tio atiborrado a pescado y pensaba quitarme mis espetones? Pues no, señor gato. Hoy no será.


Las aletas nuevas y el comienzo del verano 2026







 La prevision, era viento del noreste, de fuerza 6 con rachas de 7,  en la escala de beafour, (entre 40 y 60 km/hora). El agua estaba en 24,6 grados. Llevaba un traje ya muy gastado de 5 mm, 4 kilos de plomo en el cinto, dos chalecos muy gastados de 3 mm. La sensacion, dentro del agua, era de confort absoluto. La comodidad del calzante de H Desault, de las aletas c4, de dureza 25, era como si llevase zapatillas. Al otro lado de la punta, la mar estaba en calma, a cubierto del fortísimo viento, pero hasta llegar a traspasar dicha punta, las rachas de viento a favor, me empujaban como una vela. 
No se veia pescado..Solo alguna corvina chica, algun mujol que desaparecía entre cuevas y un mero que rondaría dos kilos, al que estuve visitando, haciendo varias bajadas, a una profundidad de 10 metros, hasta aburrirlo, enfocando con la linterna, pero sin dispararle. Sin embargo, vi al final del trayecto aquella corvina de unos 500 gramos. La vi mientras nadaba veloz,  escondiendose en una piedra, pero, calculando su trayectoria, bajé y cuando asomó la cabeza le disparé. Necesitaba comer algo y la pobre corvina, era la victima propicia


. Pero luego, cuando llegué a casa, me esperaban unos boquerones fritos, asi que, la corvina fué camino directo al congelador.
Los espetones este año y mes de junio, con el viento fuerte de tierra, no iban en parejas, sino en bancos. Eran pequeños y los disparos que les realicé no clavaron ninguno. No era falta de punteria era distancia de respeto entre los espetones y el fusil.
En total estuve dándole a las cómodas aletas nuevas 5 horas, desde las 16 hasta las 21 horas. Me sentía cómodo yo tambien.