La prevision, era viento del noreste, de fuerza 6 con rachas de 7, en la escala de beafour, (entre 40 y 60 km/hora). El agua estaba en 24,6 grados. Llevaba un traje ya muy gastado de 5 mm, 4 kilos de plomo en el cinto, dos chalecos muy gastados de 3 mm. La sensacion, dentro del agua, era de confort absoluto. La comodidad del calzante de H Desault, de las aletas c4, de dureza 25, era como si llevase zapatillas. Al otro lado de la punta, la mar estaba en calma, a cubierto del fortísimo viento, pero hasta llegar a traspasar dicha punta, las rachas de viento a favor, me empujaban como una vela.
No se veia pescado..Solo alguna corvina chica, algun mujol que desaparecía entre cuevas y un mero que rondaría dos kilos, al que estuve visitando, haciendo varias bajadas, a una profundidad de 10 metros, hasta aburrirlo, enfocando con la linterna, pero sin dispararle. Sin embargo, vi al final del trayecto aquella corvina de unos 500 gramos. La vi mientras nadaba veloz, escondiendose en una piedra, pero, calculando su trayectoria, bajé y cuando asomó la cabeza le disparé. Necesitaba comer algo y la pobre corvina, era la victima propicia
. Pero luego, cuando llegué a casa, me esperaban unos boquerones fritos, asi que, la corvina fué camino directo al congelador.
. Pero luego, cuando llegué a casa, me esperaban unos boquerones fritos, asi que, la corvina fué camino directo al congelador.
Los espetones este año y mes de junio, con el viento fuerte de tierra, no iban en parejas, sino en bancos. Eran pequeños y los disparos que les realicé no clavaron ninguno. No era falta de punteria era distancia de respeto entre los espetones y el fusil.
En total estuve dándole a las cómodas aletas nuevas 5 horas, desde las 16 hasta las 21 horas. Me sentía cómodo yo tambien.







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