El dia de San Juan, el agua estaba en 25 grados. Llevaba el traje de 5 mm muy gastado y viejo, 4,5 kilos de plomos en el cinto, dos chalecos gastados de 3 mm, las aletas de carbono, que llevan conmigo, dándoles caña, durante 21 años, porque queria comparar estas aletas viejas con las nuevas. En la comparacion, ganaban las nuevas, porque eran como zapatillas, en cambio estas viejas eran como zancos, como una tabla, rígidas y muy duras. Permanecí en el agua, moviendo las duras aletas, otras 5 horas. Pero solo recorrí la mitad del trayecto de los dias anteriores, es decir, un kilómetro de ida y otro de vuelta, menos, porque me entretuve con las flechas de los espetones. Eran tan difíciles de clavar como atrapar una flecha a toda velocidad de un disparo. Aun así, logre capturar dos espetones. Al final del trayecto, baje a aquella roca donde una vez, hace años, aquel dia de las victimas del terrorismo, capturé un mero de 6 kilos. Esta vez, no habia mero, pero el arpón salio certero, clavando una corvina de medio kilo.
Mientras me cambiaba y me quitaba el traje de neopreno, oí un golpe en las aletas..Era el gato del dia anterior, que habia intentado llevarse un espeton, pero no pudo, pues dejé los pescados en el aro portapeces encima de las aletas y entre las boyas. El pobre gato se llevó un doble susto, primero al oir el golpe del aro contra las aletas y el segundo, cuando le lancé la toalla, como si fuera un rayo. No lo intentaría mas, pensé. Pero en un segundo, que el gato me vió distraído, hablando con gente, se aproximó otra vez a completar su tarea de robarme la pesca. Si la gente que habia en ese momento cerca, no me hubieran avisado, el astuto gato de San Juan me hubiera dejado sin pesca y sin aro portapeces. Se lo habría llevado todo. Pero hoy, fué otro dia frustrado para el gato de San Juan.
Al llegar a casa, tan tarde, eran las 23 horas, no tenia ganas de cocinar y necesitaba comer rápidamente, pues desde el desayuno, no habia tomado nada, solo una cerveza y aceitunas al salir del agua, por lo que metí el pescado fresco al congelador y me comí una lata de sardinas y una ensalada fresca con queso. Era la paradoja del pescador, mientras otros darian oro por comer pescado fresco, el pescador se abre una lata de sardinas y congela el pescado, para regalarlo. Hay quien de mas?













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