MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



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martes, 23 de junio de 2026

El gato en la noche de San Juan y los espetones












 













Aquel dia 23 de junio de 2026, el agua estaba en la misma temperatura que el dia anterior, 24,5 grados. El viento del nordeste del dia anterior habia perdido sus rachas, aunque continuaba con fuerza 5 de la escala de Beafour.

Me dirigí, como siempre a cazar los escurridizos, veloces, finos y depredadores espetones. Esta vez tuve suerte, los dos primeros disparos dieron en el blanco. Dos sendos espetones de 300 gramos fueron colgados del aro porta peces. Pensé que la jornada pintaba bien, pero me equivoqué, porque no disparé mas tiros, salvo los que dediqué despues a intentar llenar el aro de espetones y todos fueron fallidos..Los espetones aquellos sabian latin y se mantienen lejos del alcance del fusil.

Bajé a una cueva a 11 metros de profundidad, varias veces, para divagar y decidir, si aquel otro nuevo mero, pesaría los dos kilos y los reglamentarios 45 cm de longitud,  antes de disparale. Segun le miraba, unas veces me daba la sensacion de que superaba la talla minima, otras veces no, por lo que deduje que, en aquella cueva habia dos meros, uno mas grande y otro mas chico. Sea como fuere,decidí dejar al mero tranquilo, porque si eran dos, serian pareja y procrearían mas meros, si les perdonaba la vida y me olvidaba de ellos.

No vi nada digno de apuntarle con el fusil y dispararle. Nadé unos 2,5 kms. de ida y otros tantos de vuelta. En total, igual que ayer, cinco horas dando caña a las nuevas aletas. Con el.mismo traje y equipo de ayer. 

Cuando salí aquel gato negro acechaba, para robarme mis espetones. Pero no le dejé..Mi estómago y mi hambre eran prioridad nacional antes que aquel gato bien alimentado en el.pueblo de La Almadraba. Estaba el tio atiborrado a pescado y pensaba quitarme mis espetones? Pues no, señor gato. Hoy no será.


Las aletas nuevas y el comienzo del verano 2026







 La prevision, era viento del noreste, de fuerza 6 con rachas de 7,  en la escala de beafour, (entre 40 y 60 km/hora). El agua estaba en 24,6 grados. Llevaba un traje ya muy gastado de 5 mm, 4 kilos de plomo en el cinto, dos chalecos muy gastados de 3 mm. La sensacion, dentro del agua, era de confort absoluto. La comodidad del calzante de H Desault, de las aletas c4, de dureza 25, era como si llevase zapatillas. Al otro lado de la punta, la mar estaba en calma, a cubierto del fortísimo viento, pero hasta llegar a traspasar dicha punta, las rachas de viento a favor, me empujaban como una vela. 
No se veia pescado..Solo alguna corvina chica, algun mujol que desaparecía entre cuevas y un mero que rondaría dos kilos, al que estuve visitando, haciendo varias bajadas, a una profundidad de 10 metros, hasta aburrirlo, enfocando con la linterna, pero sin dispararle. Sin embargo, vi al final del trayecto aquella corvina de unos 500 gramos. La vi mientras nadaba veloz,  escondiendose en una piedra, pero, calculando su trayectoria, bajé y cuando asomó la cabeza le disparé. Necesitaba comer algo y la pobre corvina, era la victima propicia


. Pero luego, cuando llegué a casa, me esperaban unos boquerones fritos, asi que, la corvina fué camino directo al congelador.
Los espetones este año y mes de junio, con el viento fuerte de tierra, no iban en parejas, sino en bancos. Eran pequeños y los disparos que les realicé no clavaron ninguno. No era falta de punteria era distancia de respeto entre los espetones y el fusil.
En total estuve dándole a las cómodas aletas nuevas 5 horas, desde las 16 hasta las 21 horas. Me sentía cómodo yo tambien.


martes, 28 de marzo de 2023

El día de los marlines.








  1.  El agua empezaba a calentarse. Había subido dos grados desde la semana anterior. De estar en 15 grados, había subido hasta 17, incluso 18 grados centígrados cerca de la playa. Si continuaba subiendo, en Semana Santa habría lleno en todas las playas de la Región. No obstante, las sepias, animal que suele entrar hasta cerca de la posidonia de las playas, aún no había aparecido este año. Tal vez ese animal cefalópodo, esperase a que el agua estuviese mas caliente y los bañistas dentro del agua, para colocar sus huevos y morir, o desaparecer.
  2. Me encontraba acechando por si aparecían las lechas. El día anterior las vi al atardecer, ya cuando iba a salirme del agua. Solo pude capturar una que pesaba cerca de un kilo, 978 gramos. Buen manjar la lecha. Me avisó un pescador de barco, conocido por mi, que junto a la orilla había unos pescados muy grandes con las espinas dorsales del lomo que sobresalían de la superficie del agua. Me dirigí veloz, hacía la orilla, nadando con mis largas aletas de carbono. Cuando llegué cerca del embarcadero, pude ver las espinas dorsales de aquellos peces enormes fuera del agua. Vi sus caras con aquellos ojos grandes, mirándome de perfil, su enorme cola y su cabeza de la que sobresalía una gran espada. Pero lo mas grande eran sus aletas dorsales unidas por una gran membrana. No había duda, no eran peces espada, sino peces de la misma familia, pero estos eran marlines, sus crines de espinas los diferenciaban de los peces espada. Eran de grandes un poco mas chicos que yo, por lo que deduje que eran crías, de poca edad, que se habían extraviado y no conseguían volver hacia el mar abierto. A pesar de que era consciente del peligro de sus espadas, que en caso de verse acorralados pueden utilizar a toda velocidad, contra cualquier enemigo, incluyendo a los humanos, me acerqué apuntando con mi fusil a una de esos peces.  Le apunté a la línea intermedia del cuerpo cerca de la cabeza. Esa línea es donde se encuentra la espina vertebral. Pues de esa forma, si conseguía atravesar su espina dorsal a la altura de la cabeza, el pez se quedaría paralizado sin poder moverse y el peligro de su espada desaparecería. No obstante, era muy arriesgado. No lo pensé, apunté disparé y nada. El hilo que sujetaba la flecha del arpón en el carrete del fusil, se había enredado, y el animal ni siquiera fue tocado por el arpón. Huyó velozmente, ignorándome. Menos mal que era una pequeña cría, pues si hubiese sido un ejemplar adulto, tal vez me hubiese atacado, al verse a si mismo atacado. Tuve suerte, y me alegré de haber errado el disparo, por culpa del hilo. De esta forma aquella cría de marlín volvería con su madre y familia, hermanos, padres, etc. A veces la naturaleza, los animales y las circunstancias, nos enseñan que, el respeto a la vida animal, tiene su recompensa. Todos cabemos en el Universo, también en el mar. Y buceando y observando a los animales marinos, cada vez compruebo que son mas nobles que los seres humanos.
  3. La red de la almadraba estaba colocada aquel día. Y un pescador recreativo, me dijo al día siguiente que, aquellos peces marlines, que se habían acercado tanto a la orilla, junto al embarcadero, eran dos crías de marlines. Ellos consiguieron seguir la red de la almadraba con forma de embudo para atrapar a los peces migratorios, pero lo hicieron por la parte exterior del embudo. Mientras, la madre y los hermanos de aquellos dos marlines, fueron menos afortunados, pues se metieron por el embudo de la red y al día siguiente, fueron pescados en la Almadraba. Aquellos pobres buscaban a su madre y hermanos, sin saber que habían sido afortunados al haber podido escapara de la matanza. Pero, huérfanos y sin familia en el mar, tal vez otro día ellos serían cazados por aquella red, antes de llegar a la edad adulta. De todas formas, la Almadraba, sistema milenario de pesca, es de los mas garantistas con la naturaleza y con la vida animal, pues solo pesca animales grandes, u otros menos grandes, pero siempre adultos, devolviendo al mar a los ejemplares jóvenes vivos.