MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



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lunes, 3 de agosto de 2015

Las 20 plagas de La Manga.




 
Babosas marinas, nudibranquios del Mar Menor. /Fotos de abajo)







Y entonces Yahveh envió veinte plagas sobre La Manga.
La Primera plaga era que,  La Manga era una ratonera que se encontraba alejada de todo lugar geográfico, era como el culo de España.
La Segunda plaga era que,  La Manga era un infierno de coches en verano y un cementerio de edificios vacíos en invierno.
La Tercera plaga era que,  en La Manga, todos los días del año la mar estaba mala, pero en verano mucho peor, por culpa de los vientos fuertes de levante.
La Cuarta plaga era que,  en La Manga no se veía ningún pez decente para dispararle en cotas inferiores a los veintitantos metros, si es que allí los hubiera.
La Quinta plaga era que,  en La Manga no había lugar para aparcar en verano.
La Sexta plaga era que,  en La Manga, no había servicios en invierno. Y en verano todo está muy caro.
La Séptima plaga era que,  en La Manga los alquileres estaban carísimos.
La Octava plaga era que,  en La Manga las viviendas no son viviendas, sino apartamentos con pocas habitaciones en donde no se pueden meter trastos de pesca, salvo que conviertas un pequeño apartamento en un trastero.
La Novena plaga era que, en La Manga no había acantilados y para pescar se jugaba uno la vida a un kilómetro de la costa con los barcos y las motos acuáticas.
La Décima plaga era que, en La Manga para pescar en La Azohía, hay que comer a las 12 de la noche, por lo lejos que está.
La Decimoprimera plaga era que en La Manga los servicios de ambulancias tardan mas en llegar que si fuesen al culo del Mundo, siendo por ello peligroso para la vida en caso de accidente.
La Decimosegunda plaga era que, en La Manga tener coche  es convertirlo en chatarra oxidada en muy poco tiempo, por los aires de salitre que soplan de los dos mares.
La Decimotercera plaga era que, en La Manga llegar hasta Águilas para pescar es comer al día siguiente, de lo lejísimos que está.
La Decimocuarta plaga era que, en La Manga solo se puede uno bañar a 32 grados en el Mar Menor, porque el Mediterráneo, o Mar Mayor siempre hay mala mar por el viento de levante.
La decimoquinta plaga era que, en La Manga no hay vecinos, ni conocidos con los que hablar. En verano hay mucha gente, pero no son ni vecinos ni conocidos.
La decimosexta plaga era que, en La Manga, en el Mar Menor había hecho su aparición una plaga de babosas asquerosas con ramificaciones, llamadas  nudibranquios, que día a día iban ganando espacio y se hallaban por todas partes sobre el fondo de la mar.
La decimoséptima plaga era que, en La Manga, exceptuando 2015, las plagas de medusas suponen el 75% del volumen del  Mar Menor. Ello supone que si en un año de medusas las quitaran todas, el Mar Menor se quedaría en seco.
La decimoctava plaga era que, a mi nunca me gustó La Manga y las malditas circunstancias me han obligado a vivir en ella. Por eso durante nueve años me he tragado cada día 88 semáforos entre ida y vuelta, en tan sólo 7 kilómetros de la Gran Vía de La Manga. Son semáforos, no inteligentes no, yo diría que tienen mala leche adrede, casi todos rojos.
La decimonovena plaga era que, en La Manga en verano un porcentaje grande de la gente está de atar.
Y la vigésima plaga era que, por la desesperación de vivir en La Manga, he cometido tantas actuaciones para salir de ella que han perjudicado seriamente mi salud.
Y una plaga consecuencia de las anteriores, es que mientras yo no puedo bucear ni pescar en La Manga, mi amigo, el Sabio Borriquete, se está hinchando a pescar todos los días sacando meros allí en La Azohía y lugares próximos. Y el pobre para consolarme me envía cada día las fotos de sus pesqueras, sin atreverse a colgarlas en su blog para no ponerme los dientes largos. Por eso, ya me he comido casi todos los dientes.
Tendré que ir al dentista a que me haga una prótesis porque ya no me quedan dientes por vivir en La Manga y el colesterol de no bucear me va a matar.



domingo, 2 de agosto de 2015

La terrible chaqueta de invierno y la pesadilla de bucear con ella en verano.

A veces un error de cálculo puede hacernos pasar un mal rato dentro del agua. Eso me ocurrió ayer. Me había colocado una chaqueta de 7 mm biforrada, junto a unas bermudas de neopreno, para evitar rozaduras en las corvas. Pensando que con una chaqueta de 3 mm pasaría frio si había termoclina. Me coloqué aquella de 7 mm.
Fue horroroso el tiempo que estuve buceando. Seis largas horas de angustia, con un calor en la cabeza que me impedían bucear con relajación. Intentando echarme agua por dentro de la capucha para que el calor no me hiciera explotar el cráneo. Aguanté tanto tiempo, para hacer ejercicio.
Por si fuera poco, al llevar una chaqueta de tanto grosor, tuve que ponerme 4,5 kilos de plomo en el cinto, en vez de dos kilos que es lo que suelo llevar en verano. Ello me impedía bajar y subir con comodidad. Otro obstáculo fue la linterna led, que no encendía. Tenía que darle fuertes golpes para que las pilas hiciesen contacto y encendiese. Pero eso no era todo aquel día. Me había hecho 70 kilómetros para encontrar el único sitio al abrigo del levante de fuerza 5. Pero tampoco allí estaba la mar buena, una fuerte marejada de fondo y una corriente, de levante, me hicieron estar cansado al avanzar en superficie y también al bajar y subir. Por si eran pocas las calamidades del día, no vi pescado alguno, salvo un mújol y un mero. Logré arponear al mújol. El mero se escondió y desapareció. El agua estaba en todo momento en 28 grados.
Para sentirme mas desafortunado, en la ida me encontré a otro pescador submarino que volvía, estaba haciendo planeos por el fondo con una duración de dos minutos y cuarenta segundos. Los hacía a favor de la corriente, pero visto desde arriba parecía que llevase botellas pues no sentía el agobio de la falta de aire durante tan largas inmersiones en apnea dinámica. Me sentía un desgraciado, ya que yo apenas podía bajar al fondo de unos 12 metros y subir, todo eso en 40 segundos. Y para rematarme me dijo que había capturado dos meros, uno de 2,5 kilos y otro de 1,5 kilos. Yo no los vi, pero viéndole bucear de esa manera, lo extraño es que no hubiese cogido un mero de 50 kilos. Cosa imposible, pues no se encuentran meros de dicho tamaño en la zona.

domingo, 26 de julio de 2015

Camarones,cangrejos del Mar Menor valientes. Y peces con cresta juguetones













Encontrar un camarón que se deje fotografiar mientras come o hace sus necesidades evacuatorias de excrementos, no es nada fácil. Se necesita mucha paciencia y familiaridad con los camarones. Pero encontrar dos cangrejos que se preparen para una lucha cuerpo a cuerpo, y desarrollen su combate como si fuese lo mas normal del mundo delante de una cámara submarina, es prácticamente labor de profesionales. Por eso, tal vez, las imágenes no salieron nítidas, dada la velocidad de la batalla. En principio parecía un combate con igualdad de armas, pero no era así. El cangrejo mas chico, además le faltaba una de las pinzas, aunque conservaba el brazo sin pinza medio desencajado, probablemente de otro combate, no obstante se mostró combativo y fue el primero en atacar a su rival. El otro cangrejo atacado, se defendió por lo bajini, tal vez trincando las partes sensibles del cangrejo atacante. Tal fue así el combate, que el cangrejo atacante, viendo que tenía todas las de perder, abandonó el combate y tomo las de Villadiego, alejándose del lugar y dejándole la territorialidad al cangrejo vencedor, que continuó afilándose las armas después del combate, preparado por si el cangrejo perdedor le hacia alguna jugarreta por la espalda. Por eso, allí, con el culo apoyado contra la roca se sentía mas seguro, que un heterosexual metido en un armario en su casa, cuando en la calle se celebra un un festival gay. Luego el pez de la cresta que tenía un ojo falso dibujado, y una cara de sinvergüenza que tiraba de espaldas, se alejó buscando compañeros de juegos.

jueves, 9 de julio de 2015

Una roca llena de vida en el Mar Menor de La Manga













Aquellos días en los que el temporal de levante hacía imposible bucear en el Mediterráneo, la única alternativa,  para poder estar en remojo, era bucear en el Mar Menor. Buceábamos de día y de noche. Aquella roca  estaba llena de camarones y peces zorro y gobios, junto a peces alga de la familia de los caballitos de mar. Pudimos comprobar en las fotos como el pez alga intentaba traicioneramente pillar desprevenido a algún camarón pequeño para zampárselo con su boca de trompeta. Pero la imagen captada por la cámara submarina daba fe de que el camarón no se dejaba atacar ni por la espalda. En un repentino disparo de bala de sus pequeñas pinzas delanteras dejaba al pez alga fuera de combate. No obstante, el pez lo intentaba una y otra vez. Luego aquellos animales que parecían almejas sin concha que como topos iban surcando bajo la superficie de la arena del fondo caminos buscando su comida. Por otro lado las caracolas que aplicaban sus ventosas y sus aristas de la concha, junto a un jugo narcotizante a los berberechos que encontraban. Y los encontraban a través del olfato. El berberecho cuando se sentía atrapado sacaba un pie ambulacral mas largo que un dedo meñique, y a modo de pértiga, pegaba saltos alejándose de su enemiga la caracola de mar. Pero, poco duraban esos saltas y después de encerrarse en su concha, otra vez la caracola venía a comérselo.
Una vez en el Mediterráneo los bancos de espetones bien ordenados, y los cormoranes, ponían un acento distinto en la faunística de la mar.

martes, 30 de junio de 2015

LA DORADA MAS SOLITARIA DEL LUGAR

Aquel día 28 de junio de 2015, era el día siguiente a aquel otro, en que en 6,5 horas y 96 bajadas al fondo,  mirando con la linterna submarina debajo de las piedras, no vi ningún pez, y por lo tanto no disparé ni un tiro. Sin embargo, ese día si que disparé un solo tiro. Fue en la inmersión número 65, cuando llevaba ya cuatro horas buceando y el fusil no había sido  aún disparado en dos días buceando. Esta vez tuve suerte, aquella dorada solitaria al fondo de la cueva no sabía de la precisión de mi fusil beuchat. Se sentiría acosada, cuando empezó el animal a girar en un sentido y en otro. Esperé mientras apuntaba con el fusil, que hiciese su último giro, y disparé. Seguramente que había comenzado un nuevo giro, porque el arpón le penetró por atrás y le salió por encima del labio superior de su boca. Quedó bien ensartada a pesar de hallarse lejos de donde yo me encontraba. Otra vez mas aquel disparo, me levantó la moral. No era que fuese mal pescador, es que no había ningún pez debajo de las piedras. Solo así, podría entenderse que en dos días, haciendo doscientas inmersiones, mirando debajo de cada piedra doscientas veces y habiendo estado 13 horas buceando, sólo hubiese podido encontrar a aquella dorada solitaria que pesó un kilo después de haberle quitado las tripas. El agua se encontraba en 24 grados. Llevaba una chaqueta de 7 mm, del traje comprado en noviembre pasado, y un pantalón sin peto de 3 mm. En el cinto llevaba 4 kilos de plomos. Al final de los dos días y dado mi bajo entrenamiento buceando este año, sentía dolor en la zona del riñón derecho. El hombro se portó bien, después de haberlo llevado inmovilizado quince días. Tenía mas movimiento y ya no me dolía.


martes, 23 de junio de 2015

Qué se hundió ahí? Un timón de una nave vikinga. Una cuaderna de un barco con doble quilla. Una piedra de lastre. Unos palos de velamen. Unos clavos de latón.

 Arriba se puede observan una cuaderna de un barco de doble quilla. Era un barco plano, igual que los barcos vikingos.

 Arriba se observa enterrado en la arena una especie de mástil de un barco antiguo.

 Arriba se observa una piedra utilizada como lastre en los barcos antiguos.



 Un mástil de un barco antiguo enterrado entre rocas.

 Restos fósiles del fémur de un animal. Probablemente un elefante.




 Restos fosilizados de una concha de molusco.
 Arriba una piedra de lastre utilizada en la parte baja de la cubierta de los barcos antiguos.
 En la foto de arriba y en las siguientes, se observa una pieza de madera con forma de jamón. Se trata de un timón de un barco muy antiguo. Se utilizaba en la parte lateral de la popa. Y llevaban aquellos barcos vikingos y romanos, dos timones.




 En la foto de arriba, parte del mango del timón de un barco antiguo. Tiene dibujada la forma de un ojo alrededor del orificio donde se unía a la parte lateral de popa del casco. Es curioso que aún pueda observarse los restos de pintura.

En las dos fotos de arriba se observan las tablazones de un barco muy antiguo. Iban unidas con clavos de latón.