MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



Política de cookies

Este sitio emplea cookies para prestar sus servicios, para personalizar anuncios y para analizar el tráfico. Google recibe información sobre tu uso de este sitio web. Si utilizas este sitio web, se sobreentiende que autorizas el uso de cookies.

Entendido y estoy de acuerdo.

jueves, 27 de diciembre de 2018

El cencerro y el cormorán.

A




























Las escasas horas de luz solar, aquellos cortos días previos a Noche Vieja, me indicaban que, para la pesca que había en aquellas fechas, cualquier sitio era bueno para hacer ejercicio, ponerse en forma dándole caña a las aletas y hacer algunas apneas.
El agua seguía en 16 grados. El día anterior vi bañarse a unos extranjeros en la Isla Plana. Allá cada cual y con su confort  y sensaciones contra, o con el frio. A mi, me gusta abrigarme bien, antes de zambullirme.
Aquel día fue a pescar a un lugar, previamente señalado en aquel mapa antiguo, para guía de imbéciles merluzos y tiñalpas.  Era un lugar bastante frecuentado por buceadores de botellas, por lo que, salvo sorpresas, no esperaba encontrar grandes piezas. Vi varios pulpos, a los que acaricié con la punta del arpón, pasándola suavemente sobre su cabeza, en señal de vacuna salvavidas contra desaprensivos tiñalpas. Pesarían algo mas, muy poco mas, de un kilo. Pero ya tenía el arcón congelador lleno de piezas y solo buscaba a una pieza mas que decente. También vi, entre rendijas pegadas al fondo, algunos meros próximos al kilo, a quienes enfoqué con la linterna repetidas veces, a modo de vacuna de larga vida tengan a salvo de merluzos.
Cuando, me dirigí a la parte mas a levante, me di cuenta que el agua estaba tan turbia y removida, por una mar de fondo que se había metido, que opté por volver y no continuar pescando.
Aquel día, nada mas meterme, me encontré una pieza metálica de acero inoxidable que estaba en el fondo submarino. Se veía su brillo desde la superficie. Bajé, como siempre hago, para ver de que se trataba. Era un sonajero, un cencerro, para buceadores de botellas, para comunicarse entre ellos. Lo colgué en el aro portapeces, a modo de trofeo en metálico de aquel día. Pues, dada mi cabezonería en no disparar nada mas que a una pieza gorda, aquel día le perdoné la vida a algunos pulpos y meros, que tal vez algún borrico, les hubiera disparado, para convertirlos en dinero contante y sonante. Yo, me conformé con el sonajero de buceo.
Cuando ya salía, me encontré un objeto que necesitaba para regar mi huerto. Era una manguera con su boquilla aspersora. Bajé a extraerla, e intentar llevármela. Pero, aquella manguera, había sido reutilizada, para aprisionar un muerto de piedra que estaba en el fondo. Por eso, no pude tirar de ella. Salí de la mar, no sin antes, fotografiar un cormorán. Esos animales, son palmípedos, como los patos, pero con pico afilado para clavar peces, que bucean igual que puede nadar un tunido, a una velocidad exagerada, moviendo a modo de aletas, sus alas bien hidrodinámicamente pegadas a la cola.  El animal, estaba relajado mirando la puesta de sol. Así quedó inmortalizado por la única herramienta que llevaba colgada en la boya, que no servía para matar. Algunos días, merece la pena aflojar las gomas del fusil y coger la cámara submarina. A fin de cuentas, las imágenes perduran y no cuestan nada, solo unos minutos de la jornada.
Cuando llegué a casa, después de la ducha, me comí los boquerones fritos del día anterior. Estaban buenos fríos.

martes, 25 de diciembre de 2018

Dia de Noche Buena buceando en Los Tontoretes, el corazon submarino de las gélidas aguas del borriqueterismo




 














Antes de empezar a describir la jornada de pesca y dado que, utilizo el adjetivo de tiñalpería del merluzo,  debo aclarar la definición de tiñalpa. Según el prestigioso académico,  Arturo Pérez Reverte: "Tiñalpa" significa un pobre hombre, un don nadie. Es vieja palabra cartagenera, hoy en desuso.

Era ya el séptimo día buceando, sin descanso. Era el día de Nochebuena. A aquel lugar, conocido por todos, como la costa de Los Tontoretes,  hacía mas de treinta años que no había ido a bucear. Se presentaba ese día con la mar en calma. Los negros guijarros de la playa, eran un presagio de lo que me iba a encontrar mar adentro. El lugar de aquellos fondos y grietas submarinas, era, ni mas ni menos, como un portal de Belén. Eran, el corazón submarino de las gélidas y oscuras aguas del borriqueterismo. Era como un santuario, solo que,  profanado por mi presencia depredadora. Nada mas meterme, a unos 8  escasos metros de profundidad, divisé las lajas entre posidonias, formadas por boletes, o guijarros unidos por una argamasa volcánica. Eran, como de hormigón natural, pero de granos del tamaño de un puño. Se mezclaban rocas calizas entre aquella especie de hormigón antropozoico. Las grietas, casi todas, eran ciegas, no obstante, había algunas con entradas y salidas. Así que, matar allí un animal, era tarea fácil si lo hubiera. Pero, haberlos, había muchos. Eran piezas confiadas que se les veía fuera de la laja, desde la misma superficie. La primera grieta que encontré estaba poblada de corvinas casi perro. Amontonadas una al lado de la otra. No quise dispararles, pues era el día de Noche Buena, y solo esperaba dispararle a un merazo del tamaño de un buen castañazo borriqueteril, lo demás, no tenía mayor interés aquel día para mi, visto que, el congelador estaba ya atiborrado de piezas. Aquel día, fui nada menos que con allanamiento y escalada, a robarle el merazo al que, se creía in-condescendientemente, dueño absoluto de ese lugar. Tenía inri, pues si hubiese clavado al merazo, lo habría hecho en el propio territorio de la tiñalpería del merluzo.  Pero, después de bajar muchas veces a escuadriñar las grietas del fondo, que había muchas, solo vi meros  confiados,  de casi un kilo, muchas grisas oscuras, de la familia de las maragotas y lábridos. También algunos sargos. Pero el mero castañacetero borriqueteril, aquel día, tampoco lo vi. Salí, después de sacar unas fotos, mal enfocadas a una de las grietas, preñadas de corvinas, directo al supermercado a comprar mantecados, turrón, dátiles y wisky, para comer cenar el día de Noche Buena, después de escuchar el mensaje del Rey, de lo que me quedé con una parte equivocadamente fuera de la realidad. Era algo así, entre otras palabras reales: ..."los jóvenes tienen que estar preparados y formados, porque así es mas fácil encontrar trabajo".  Si la casa Real pisara la calle, no haría ese discurso, o al menos, ese párrafo sobraba, porque, son precisamente los jóvenes, formados y preparados, con títulos, los que forman el porcentaje mayor de parados. Para lo otro, para trabajar de sol a sol en el campo, o explotados en bares, restaurantes, cafeterías y tiendas, para eso, no hace falta estar preparado, ni formado, solo hay que dejarse explotar.
Tal vez por eso, yo no crea en los Reyes Magos aún, aunque comprase en los chinos unos Reyes Magos, muy simpáticos, para adornar el portal del Belén, construido con el puchero de la guarida del pulpo de las 15,50 horas, a 15 metros de profundidad, de la era de la Sarracenía.
El mapa del corazón submarino de las gélidas aguas del borriqueterismo, es sumamente explicito para no perderse buceando. Nada de secretismo del merluzo.  Ya no sirve de nada, después de tantos años soltando por la boca, por la que murió el pez merluzo. Solo así, con ese secretismo, mudismo y ocultismo, puede quedar bien enfocado y bien retratado el auténtico merluzo. Como dirían los habitantes de los pueblos de interior de Alicante.