MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



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Entendido y estoy de acuerdo.

martes, 16 de marzo de 2021

Elegir entre gym, excursión a Boca Oria, o buscar sepias a una por hora?













 

jueves, 11 de marzo de 2021

El sargo del dia de las victimas del terrorismo



















 No siempre el dia de las victimas del terrorismo, da un mero de 6 kilos, o un pulpo de 8 kilos, o una lubina de 6 kilos, ni una lecha tambien de 6 kilos. Este dia de 2021, solo dio un sargo de casi 2 kilos. Hay quien de mas? Seguramente, pero tendra que aprender a pescar con humildad.

martes, 8 de diciembre de 2020

El tenedor me estropeó la jornada. El mero no daba la talla



 Aquel tenedor de plástico en el fondo submarino, no presagiaba nada bueno. Basura y mas basura en los fondos oceánicos. Seguí aleteando a pesar del oleaje que levantaba el temporal de noroeste. 

Alguna morena hacia lo que todos los depredadores submarinos, pescar al acecho. Ya no era solamente aquel enorme espetón, o estos dentones de hoy, la morena se incluía en el club de cazadores. Yo también lo intente, cuando vi los dentones. Pero la morena me expulsó del lugar del acecho, como dueña y señora de su territorio. Diríase que el propio arpón era quien apuntaba sobre si mismo en dirección a la gran cabezota del mero.
Sea como fuere, el disparo atravesó el cerebro del animal, dejándole muerto en el acto.
Cuando vi el tamaño del mero, quise dejarlo libre para que volviese a vivir. Era tarde ya, el arpón le había arrebatado su corta vida.
Un buen tonete, diría Borriquete. Pero esa  filosofía criminal, no entra en mi historial. Me sentí culpable de mi error, no haber sabido calcular la talla del animal a priori. No era mi intención matar un animal así, tan pequeño. Me maldije, igual que maldigo a todos aquellos que capturan peces que no dan la talla legal.
Pero me lo lleve para casa, como penitencia, por mi error.
Un tonete de los de borriquete, para mi es una cuestión de honor y de ética, no un chiste, ni un trofeo a exhibir. Pido perdón desde aquí a todos los meros, muertos, o capturados, por cualquier desaprensivo que no dan la talla.
Este solo media 39cmm. Le faltaban 6 cm para dar la talla reglamentaria.

Seguí avanzando contra el enorme oleaje y la extenuante corriente. El agua había bajado hasta los 15 grados. Aquel mero parecía grande visto por la hendidura de la roca de su cueva. Primero se puso de perfil, luego me mostró su gran cabezota. No le apunte, solo dirigí el arpón, mientras miraba en ángulo de 45 grados perpendicular a la dirección del arpón. Diríase que el arpón cobrando vida,  se apuntaba solo sobre si mismo en dirección al cerebro del  mero. O Tal vez el mero fue en busca del arpón. Sea como fuere, esa captura la consideraré un crimen contra el medio ambiente y contra aquel mero. Pero, ya era tarde, el crimen no tenía remedio. 

lunes, 7 de diciembre de 2020

La ola me golpeó el craneo, como un tablacho de un naufragio


 
Baje varias veces haciendo esperas en el fondo. Todo fue en vano, los dentones de no mas de 2 kilos, estaban lejanos y no entraron. La temperatura del agua era de 16 grados. Lo peor era el oleaje de viento de mas de 40 kilómetros por hora y rachas de fuerza 7.
A dos kilómetros de la costa, las olas golpeaban la cabeza como tableros de algún naufragio. 

Una gran corvina atravesada por el arpón, al no abrirse la aletilla, se escapó a su guarida.
Otras corvinas de menos de un kilo me hacían compañía en el fondo, mientras planeaba tranquilo. 
No importa, no haber pescado ni para comer. En casa la paella de tres días me saciaría por tercera vez. Otro día, tendré mas suerte con las pesquerías.
Eso si, no disparare a pequeñines, como hace el borrico de mantequilla, porque no tiene huevines a disparar a piezas que sean grandes, legales y den la ralla. Sus pesqueras, son una caca de mentirijilla. Una pena y un depredador de especies que no dan la talla mínima.
Un vomitivo, vamos. 

domingo, 6 de diciembre de 2020

El animal mugelido mas grande que una aleta


La temperatura del agua había bajado hasta los 16 grado. Un grado menos que el día anterior.
Vi dos meros como el capturado ayer, pero les perdone la vida. Esperaba cazar una pieza de mayor tamaño. Un gran espetón estaba cazando. Se apostaba el enorme animal entre las rocas y la posidonia, intentando atrapar pequeños boquerones al acecho. Le seguí y me olvide del mero que había allí.
Pero el espetón no era tonto, se dedicaba a cazar y no se dejaba cazar.
Otro mero me miraba desde el fondo de su cueva, pero no tardaría en ponerse el sol y no me la jugaría. Esperaba encontrar una pieza mayor, hoy no pudo ser, pero otro día caería. El mújol, podía haber sido un doblete, pero su pareja no tuvo huevos a hacerle compañía en el mismo arpón. No importa, de mújoles tengo el congelador lleno hasta la puerta. 
 

sábado, 5 de diciembre de 2020

Un merico para hacerle crecer los dientes al borrico


 El agua estaba infernal, incluso a cubierto del noroeste. Lejos de la costa las olas y la gran corriente eran asesinas. 17 grados de temperatura del agua y el traje de 7 mm, gastado, con 2 chalecos y 7,5 kilos, o 6.5, al cinto, dependiendo de la profundidad.
El merico, lo clave en un ojico. Luego el segundo disparo le atravesó el cerebrico. Salió indefenso, muerto y tuerto el animalico.
La profundidad 12 metros. Midió 55 centímetros, no como otros mericos que he visto pequeñitos que captura un borrico.


jueves, 12 de noviembre de 2020

La logica aplicada en la mar. Como si no fuese con el.












  • El agua continuaba en 19 grados.  El confinamiento perimetral para burros, era absurdo, porque los borricos, rebuznan y rebuznan, dan coces y mas coces, aunque estén amarrados en su establo. La libertad del borrico es inmensurable. 
  • El traje de 7 mm de unos cinco años, dos chalecos de 3 mm., en el pecho y 7,5 kilos de plomos en el cinto, eran el atuendo de esos días.
  • No se veía pescado, solo algunos pulpos chicos, a los que me limitaba a acariciar, con la punta del arpón, con mucha suavidad. 
  • Uno de esos días, la linterna que llevaba colgada de la muñeca con una cuerda de dinema, se me perdió.
  • Hacia poco tiempo que la había echado en falta. Lo difícil era encontrarla, pues era muy pequeña y de color negro. No me puse nervioso, apliqué la tranquilidad y la lógica. Se trataba de recuperar la linterna que valía solo 50 euros, no una gran pérdida. Apliqué la lógica rastreando el fondo submarino pegado a las rocas y grietas. Iba escaneando con la mirada toda la superficie, desde donde tenía fondeada la boya, hasta donde había clavado aquel salmoneitor. Fue mas o menos en ese trayecto, después de colgar el salmonete muerto en el aro portapeces, cuando noté que la linterna la había perdido.  Al final la encontré y pude seguir pescando.
  • Los espetones estaban en algunos lugares en manadas desconfiadas. Era necesario acercarse a la manada desde arriba con tranquilidad, sin hacer turbulencias con las aletas y respirando como si no se notase. Si alguno estaba a tiro, apuntar desde la superficie y disparar. Pero, no siempre se acercaban a tiro de la superficie. Entonces había que bajar sin apenas hacer ruido, sin compensar, apuntar y disparar. Si se apuntaba bien, la captura estaba asegurada. era difícil errar un tiro bien apuntado y al alcance, si el espetón aún no había salido como una flecha. 
  • Cuando ya el sol se estaba poniendo, a la vuelta, me encontré debajo de una roca a un salmonete grande, asomando su cabezota. Disparé a la cabeza. El salmonete dio una vuelta y desapareció. En su lugar una maragota estaba como aturdida con la cabeza boca abajo y dando la sensación que ella había sido la receptora del disparo. Curiosamente, el salmonete seguía asomando la cabeza, como si el disparo no hubiera sido para él. Apunté de nuevo al salmonete y disparé. Otra vez apareció la maragota, como atontada cabeza abajo. Entonces apliqué la lógica, no es que el salmonete creyera que el disparo no iba con él, es que a lo que yo había disparado era a la cabeza de la maragota y esta se había quedado tan aturdida la primera vez, que pensó que el disparo no iba con ella. Yo, creyendo que seguía el salmonete asomando la cabeza, le disparé un segundo tiro, pero otra vez había dado en la cabeza de la maragota. Por lógica, alguno estábamos equivocados. Y esos eran la maragota y yo. El salmonete aplicó su lógica y huyó del lugar del crimen.