MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



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jueves, 20 de diciembre de 2018

Abrazos mortales carroñeros.

 




 
 
 
 




Otro día le tocó a Los Morteretes, en la Sarracenía, ser objeto de la depredación del fusil submarino, entrenado el pasado verano en la quincallería barata y en la moción de censura. Había que buscar el merazo para darle el castañazo a algún merluzo. Así que, provisto de un nutrido arsenal de fusiles, encaminé el coche hacía aquellos lugares recónditos.
Dado, la estrechez horaria del sol en estos días previos al equinoccio de invierno, solo pude estar buceando unas tres horas y media. Conforme iba avanzando, en la ida con las aletas, observé varios pulpos, que superaban el kilo, pero a los que no quise disparar, porque ya tenía siete en el congelador, para hacerlos a la cartagenera, asados a la plancha. Por eso les perdoné la vida,  a aquellos 3 o 4 animales, aquel día. Llegué hasta la piedra de las corvinas perro, pero, curiosamente, solo divisé unos meros de casi un kilo y algunos abadejos, también corvinas y sargos pequeños. Pero lo que abundaba en aquellas grietas de roca, eran muchos peces de gran tamaño, familia de los pintos, algunos de ellos de color negro, llamados lábridos. Aquellos de color casi negro, están riquísimos, pero no quise disparar a ninguno, pensando en que le darían vida a aquella grieta, hasta que llegase un merazo, o una manada de corvinas perro.
Desde la superficie distinguí un objeto oscuro, con delineaciones rectangulares de color blanco. Adivine que se trataba de una sepia, mal camuflada, esperando cazar boquerones blancos. Le disparé entre los ojos y fue a la cuerda de los moluscos cefalópodos y después al congelador. Un salmonete de buen tamaño se puso delante de la punta del arpón y lo pago muy caro, yendo al aro portapeces.
Salía ya de pescar, con estas piezas, cuando entre bancos de posidonias, descubrí un macabro festín. Dos pulpos, uno por la parte de las agallas y el otro por la parte de la cola, estaban comiéndose a una gran lubina, en el fondo de arena.  Después de hacerle la foto de rigor, para creencia de merluzos, decidí, en contra de mis costumbres de fotógrafo submarino, disparar a aquellos dos carroñeros, que tenían atrapada en sendos abrazos mortales a aquella gran lubina. Ella, no murió por los efectos de los abrazos de aquellos dos cefalópodos, porque nunca la hubiesen atrapado viva. Los reflejos de la lubina son superiores a los de los pulpos. Pero,  estaba recién muerta y aquellos dos golfos se la estaban cenando. Así que, los abrazos mortales carroñeros, fueron los causantes de su muerte, la de los pulpos, pues el arpón apuntó a uno de los ojos del cefalópodo mas grande, el de la cola, para después hacer lo mismo con el que estaba comiendo cerca de las agallas de la lubina. Los dos fueron a parar a la cuerda para cefalópodos, igual que un tercer pulpo que ya superaba con creces la talla para hacerlo a la cartagenera. Menudo festín nos vamos a pegar este año, mi familia, mis amistades y conocidos, comiendo pulpos a la cartagenera, a la gallega y al horno. Eso si, sin un mísero billete en el bolsillo, lo cual no quiere decir que sea pobre, pues creo que,  como escribió Gabriel García Márquez, respecto de los avaros que,  atesoran muchos billetes y no saben vivir la vida: "No, no son ricos. Son unos pobres hombres, o, unos hombres pobres, pero con muchos billetes".

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