La palabra imbécil, tiene, entre otros los siguientes significados:
En el sentido
figurado, se utiliza la palabra imbécil como sinónimo de tonto y se
emplea para referirse a la persona que molesta haciendo constantemente
tonterías o para indicar a un individuo que es arrogante, esnob, por ejemplo:
¡que imbécil, no da los buenos días!
Un imbécil moral
es un individuo que es incapaz de comprender los principios y valores morales y
es incapaz de tomar decisiones y actuar en concordancia con ello.
La palabra merluzo, significa: Hombre bobo, tonto.
En la parte levantina, en los pueblos del interior de Alicante, no se emplea sola la palabra imbécil para identificar a alguien con ese defecto, sino que se añade, como en el arroz a banda, un trozo de esa especie de pescado inexistente, el merluzo. Diríase que merluzo en Alicante, es una subespecie del imbécil. Es mas, a veces, ni siquiera se utilizan las dos palabras juntas, puesto que si merluzo es subespecie del imbécil, decir merluzo lleva incluido ya el genero de imbécil.
Dicho lo anterior, me centraré en lo importante del día sobre la jornada de pesca submarina.
El agua estaba en 17 grados. Seis kilos de plomo en el cinto, traje de 7 mm y dos chalecos sin mangas. Llegué al lugar de las 15,50 a 15,50 metros de profundidad, allí no había nada, solo restos de un puchero sarraceno, que utilizaban los pulpos de turno para esconderse.
Poco antes de llegar al lugar donde el gancho sarraceno extrajo al último pulpo de las 15,50 horas a 15,50 metros de profundidad, me encontré a una profundidad de 9 metros, una gran polvareda de limo en el fondo. Al poco, divisé al causante, parecía un imbécil merluzo, o simplemente, un merluzo de Alicante, porque iba pavoneándose, sin comprender moralmente los principios y valores morales y parecía incapaz de tomar decisiones y actuar en concordancia con ello. Tal fue así, que me colocó todo su ancho lomo a disposición de la punta de mira de mi preciso fusil. Solo tuve que enfocar su ancha capuz y apretar el gatillo. El presunto merluzo, no dijo ni mu. Quedó muerto en el acto, atravesado su pequeño cerebro de imbécil merluzo, o merluzo a secas en Alicante. Cuando le tuve en mi mano, me di cuenta que, aunque parecía, en principio, un merluzo de Alicante, porque se pavoneaba sin humildad como un imbécil, solo era un salmoneitor, un enorme salmonete de 30 cm. de largo y 450 gramos de peso. Después, ya examinada la guarida del pulpo de las 15,50, a los 15,50 metros de profundidad, descubrí otro salmonete, también grande, pero no tanto como el anterior. La suerte que corrió fue la misma del presunto merluzo. Quedó inerte por la precisión del arpón, entrenado este verano pasado con la quincallería barata y con la moción de censura.
A continuación divisé un pulpo, luego otro, ambos daban el kilo con creces, y pasaron del aro portapeces al arcón de la quincallería barata, para ser ofrecidos a la cartagenera, a los amigos y conocidos.
Poco duró la jornada aquel día, solo tres miserables horas, que se me hicieron tan cortas, que lleno aún de energía no pude acostarme antes de las 0,30 horas. Porque, no siempre a quien madruga Dios le ayuda. Por, eso, no me apetecía acostarme como una gallina, temprano.
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